{"id":5925,"date":"2026-04-19T08:42:06","date_gmt":"2026-04-19T11:42:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_06\/?p=5925"},"modified":"2026-04-19T08:42:09","modified_gmt":"2026-04-19T11:42:09","slug":"literatura-clasica-3-2-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_06\/historia\/literatura-clasica-3-2-2\/","title":{"rendered":"Mi Buenos Aires querido"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuando sali\u00f3 a la calle, un viento \u00e1spero le golpe\u00f3 el rostro. Se acomod\u00f3 el abrigo y apur\u00f3 el paso hacia el subte. Las veredas estaban abarrotadas de cuerpos que se desplazaban con la precisi\u00f3n ciega de una maquinaria invisible: empleados rumbo al trabajo con caf\u00e9 en vasos de cart\u00f3n, madres tironeando de sus hijos camino al colegio, j\u00f3venes con auriculares y la mirada fija en la pantalla de sus celulares.<br>Sof\u00eda se mezclaba con ellos cada ma\u00f1ana: una m\u00e1s entre muchos, todos iguales, todos grises. Grises los rostros, grises los \u00e1rboles, gris la ciudad. Gris sobre gris, aun cuando el sol insistiera en brillar. <em>Mi Buenos Aires querido<\/em>\u2026 <em>cuando yo te vuelva a ver<\/em>\u2026 tarare\u00f3, segura de que Gardel no a\u00f1orar\u00eda verlo, despu\u00e9s de saber en qu\u00e9 se hab\u00eda convertido. <em>\u201cEsta ciudad no se quiere, se aguanta<\/em>\u201d, hab\u00eda escrito <strong>Roberto Arlt.<\/strong> Mientras avanzaba entre la multitud, Sof\u00eda mastic\u00f3 la frase, tan actual que parec\u00eda marcar el ritmo de esta Buenos Aires, y no pudo menos que sonre\u00edr asombrada por la actualidad de esas palabras que acompa\u00f1aban sus pasos&#8230;<\/p>\n\n\n<div class='yrm-content yrm-content-2 yrm-content-hide  ' id='yrm-K0TSN' data-id='2' data-show-status='false' data-after-action='' style=\"visibility: hidden;height: 0;\">\n\t\t\t<div id='yrm-inner-content-yrm-K0TSN' class='yrm-inner-content-wrapper yrm-cntent-2'><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8cb3d5a9e1d0407fc8d46cfc5aecb1c4\">El sol brillaba de un gris opaco cuando entr\u00f3 en la boca del subte y se sumergi\u00f3 en las profundidades de esa otra ciudad hecha de rieles, donde el color adquir\u00eda un tono m\u00e1s espeso, casi amenazante.<br>Mientras esperaba en el and\u00e9n se detuvo como cada ma\u00f1ana frente al kiosco de diarios, y como cada ma\u00f1ana, sonri\u00f3 al vendedor, que respondi\u00f3 con su gesto habitual: un gru\u00f1ido breve, neutro, invariable. Sof\u00eda hab\u00eda aprendido a leerlo como un saludo. Sin embargo, esa ma\u00f1ana fue distinto:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b832b7bec4959024fc76e8cfdd697ca0\">\u2013<em> \u201cLa ciudad de arriba es pura apariencia; la verdadera Buenos Aires corre por debajo, en el estr\u00e9pito de hierro de los subterr\u00e1neos\u201d. <\/em>Sof\u00eda parpade\u00f3. Aquello no hab\u00eda sido un gru\u00f1ido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d93a6e5b39118c8f6889785dd607bae2\">\u2013\u00bfC\u00f3mo dijo? \u2013pregunt\u00f3, todav\u00eda sorprendida. El hombre gris ya hab\u00eda vuelto a su mutismo acostumbrado, como si no hubiera pronunciado una sola palabra.<br>Totalmente extra\u00f1ada musit\u00f3, \u00bfme estar\u00e9 volviendo loca? Sac\u00f3 el celular casi por reflejo y escribi\u00f3 la frase en el buscador. La primera entrada ya la sorprendi\u00f3: <strong>Ernesto S\u00e1bato, <\/strong><a href=\"https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_04\/producto\/sobre-heroes-y-tumbas-ernesto-sabato-ebook?v=909ba4ad2bda\"><strong><span style=\"font-size:110%;\"><em><u>Sobre h\u00e9roes y tumbas<\/u><\/em><\/span><\/strong><\/a><em>.<\/em><br>No tuvo tiempo de volver la vista hacia el kiosco: la formaci\u00f3n acababa de detenerse y, frente a ella, se abrieron las puertas del primer vag\u00f3n. Subi\u00f3&#8230;<\/p>\n\n\n<p><div class='yrm-content yrm-content-2 yrm-content-hide  ' id='yrm-Eqn1J' data-id='2' data-show-status='false' data-after-action='' style=\"visibility: hidden;height: 0;\">\n\t\t\t<div id='yrm-inner-content-yrm-Eqn1J' class='yrm-inner-content-wrapper yrm-cntent-2'><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1a511a33c888735316ec01fb7b6db88\">Se acomod\u00f3 como pudo, mezcl\u00e1ndose con una multitud variopinta de seres grises que como ella claudicaban diariamente a la suerte de viajar como sardinas. El aire pesado, mezcla de perfumes dulzones y sudores, le cerraba el pecho. Son cuatro estaciones, se dijo\u2026 solo cuatro estaciones. Repiti\u00f3 la frase como un mantra capaz de sostenerla.<br>El tren arranc\u00f3 con un sacud\u00f3n, el golpe seco de las puertas al cerrarse son\u00f3 definitivo, como si sellara algo m\u00e1s que el inicio del viaje. Mientras repet\u00eda en silencio su conjuro cotidiano: son cuatro estaciones, son cuatro estaciones, sinti\u00f3 una vibraci\u00f3n distinta bajo los pies, un pulso irregular, ajeno, que no recordaba de otros d\u00edas.<br>Busc\u00f3 el pasamanos y se aferr\u00f3 con fuerza. Apoy\u00f3 la cabeza en el brazo extendido y cerr\u00f3 los ojos. Respir\u00f3 hondo como juntando fuerzas, el aire parec\u00eda menos denso, y una especie de eco distante le acercaba sonidos que no supo, que no pudo reconocer. Enseguida, el altavoz anunci\u00f3 la pr\u00f3xima estaci\u00f3n.<br>\u00bfTan r\u00e1pido?, pens\u00f3. Pero el pensamiento se interrumpi\u00f3 de golpe: las luces parpadearon una, dos veces, y se apagaron.<br>El silencio fue absoluto&#8230;<\/p>\n\n\n<p><div class='yrm-content yrm-content-2 yrm-content-hide  ' id='yrm-8703a' data-id='2' data-show-status='false' data-after-action='' style=\"visibility: hidden;height: 0;\">\n\t\t\t<div id='yrm-inner-content-yrm-8703a' class='yrm-inner-content-wrapper yrm-cntent-2'><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de09cbbac130238a7b127ac498aa75c5\">Eso la inquiet\u00f3 m\u00e1s que la oscuridad. Un corte de luz sol\u00eda despertar quejas, insultos, alg\u00fan grito aislado. No se o\u00eda nada. Sof\u00eda apret\u00f3 la mochila contra el pecho y, como si ese gesto hubiera activado un interruptor secreto, la luz volvi\u00f3, un miedo distinto se apoder\u00f3 de Sof\u00eda: El vag\u00f3n estaba vac\u00edo.<br>El tren se hab\u00eda detenido y las puertas se abrieron con un sonido \u00e1spero, m\u00e1s cercano al chirrido de un placard antiguo que al siseo suave y neum\u00e1tico al que estaba acostumbrada. Sof\u00eda mir\u00f3 alrededor. Los asientos no eran los de siempre, coloridos y mullidos, estos eran duros, de madera lustrada, con vetas y bordes gastados por miles de cuerpos an\u00f3nimos. Las puertas abiertas tampoco se parec\u00edan a nada conocido; eran m\u00e1s angostas, con marcos met\u00e1licos gruesos y remaches a la vista, como si el vag\u00f3n hubiera sido ensamblado por artesanos, hecho a mano.<br>El and\u00e9n parec\u00eda el de siempre y al mismo tiempo otro. La luz era amarillenta y proyectaba sombras largas que deformaban las columnas. Las paredes estaban recubiertas de azulejos opacos, algunos resquebrajados, otros manchados por una humedad persistente y cada tanto, carteles esmaltados de tipograf\u00edas cuidadas reemplazaban los habituales mapas luminosos, las flechas que indicaban \u201csalida\u201d no eran verdes sino blancas, con letras g\u00f3ticas. Sof\u00eda tuvo la sensaci\u00f3n absurda de que el lugar hab\u00eda estado esper\u00e1ndola, inm\u00f3vil y que su llegada hab\u00eda puesto otra vez en marcha un mecanismo antiguo. Se asom\u00f3 al and\u00e9n con cautela, como midiendo cada paso. No hab\u00eda pantallas digitales ni publicidades luminosas. Eso ya resultaba alarmante. Pero no era lo \u00fanico.<br>Un espanto fr\u00edo le recorri\u00f3 la espalda cuando distingui\u00f3 los carteles: &#8230;<\/p>\n\n\n<p><div class='yrm-content yrm-content-2 yrm-content-hide  ' id='yrm-zVPXM' data-id='2' data-show-status='false' data-after-action='' style=\"visibility: hidden;height: 0;\">\n\t\t\t<div id='yrm-inner-content-yrm-zVPXM' class='yrm-inner-content-wrapper yrm-cntent-2'><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9c33f1d60c8d3956be17b0ca2f99039e\">anuncios de colores apagados. \u201c<em>Cigarrillos Particulares,<\/em> <em>Una marca en el tiempo\u00bb<\/em>, ley\u00f3, <em>43\/70: \u00abEl cigarrillo del momento\u00bb.<\/em> Jabones, perfumes <em>\u201cPolyana el perfume que te acompa\u00f1a donde vayas\u201d, <\/em>\u00bfqu\u00e9 est\u00e1 pasando?, \u00bfd\u00f3nde estoy? Sus preguntas ret\u00f3ricas quedaron en suspenso cuando ley\u00f3 el nombre de la estaci\u00f3n, estaba escrito en letras g\u00f3ticas sobre azulejos de cer\u00e1mica azul: <strong>Per\u00fa<\/strong>.<br>Indudablemente aquella estaci\u00f3n no ten\u00eda nada que ver con su recorrido de siempre y por eso, baj\u00f3 del vag\u00f3n no demasiado segura. <br>A su izquierda apareci\u00f3 un corredor estrecho, mal iluminado, radicalmente distinto de los t\u00faneles subterr\u00e1neos que conoc\u00eda. Por un instante quiso echar a correr, \u00bfpero a d\u00f3nde? Una fuerza m\u00e1s poderosa, la curiosidad quiz\u00e1s, la empuj\u00f3 hacia adelante. El t\u00fanel se abr\u00eda estrecho y levemente curvado, como si evitara deliberadamente mostrar su final. Las paredes, revestidas en azulejos blancos biselados, devolv\u00edan una luz opaca que no parec\u00eda provenir de ning\u00fan foco visible, sino filtrarse desde alg\u00fan punto alto, fuera de la vista. Aqu\u00ed y all\u00e1, los azulejos estaban cuarteados o hab\u00edan sido reemplazados por otros de un blanco distinto, m\u00e1s reciente, aunque ya vencido por la misma p\u00e1tina amarillenta. El piso, de mosaicos peque\u00f1os, gastados en el centro por el paso insistente de miles de pies, obligaba a Sof\u00eda a medir cada paso: no por miedo a tropezar, sino por esa sensaci\u00f3n de que el desgaste marcaba un camino preciso, una direcci\u00f3n que no conven\u00eda abandonar.<br>El aire ya no era el mismo: ol\u00eda a humedad, a madera vieja. Sinti\u00f3 el cambio como una bofetada antigua, un sopapo del siglo pasado. A mitad del pasadizo, una hilera de carteles publicitarios se suced\u00eda en marcos de madera oscura. Eran l\u00e1minas impresas, protegidas por un vidrio donde se anunciaban productos con una elegancia detenida: productos capilares, m\u00e1quinas de escribir, cigarrillos, le llamaron poderosamente la atenci\u00f3n las golosinas, ley\u00f3: Pastillas DRF, Caramelos Mu-Mu, se detuvo frente a uno: <em>Sugus, \u201cEl caramelo de verdadero sabor frutal\u201d,<\/em> ley\u00f3, y aunque reconoci\u00f3 el nombre de inmediato, esos colores, esas frutas dibujadas infantilmente, los cuadraditos del caramelo con pies y cara\u2026 no terminaban de encajar&#8230;<\/p>\n\n\n<p><div class='yrm-content yrm-content-2 yrm-content-hide  ' id='yrm-IU7Lh' data-id='2' data-show-status='false' data-after-action='' style=\"visibility: hidden;height: 0;\">\n\t\t\t<div id='yrm-inner-content-yrm-IU7Lh' class='yrm-inner-content-wrapper yrm-cntent-2'><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a067e6bb8d80269000f8b5378fedb71\">Y de golpe, el t\u00fanel comenzaba a ascender sin aviso. No hab\u00eda escaleras mec\u00e1nicas, solo una pendiente leve, unos metros m\u00e1s all\u00e1 aparecieron los primeros escalones: de m\u00e1rmol blanco, anchos, con los bordes suavizados por el uso, ligeramente hundidos en el centro.<br>Subi\u00f3. A medida que ascend\u00eda, el aire cambiaba otra vez, pero sin decidirse del todo: la humedad ahora se mezclaba con una brisa que anunciaba la cercan\u00eda de la superficie. La luz empez\u00f3 a filtrarse desde arriba, lentamente como quien sale de abajo del agua. Primero un resplandor difuso, luego una claridad m\u00e1s definida que se recortaba en los bordes de los escalones. Sigui\u00f3 subiendo.<br>El sonido apareci\u00f3 antes que la calle. Un murmullo continuo, m\u00e1s grave, menos fragmentado que el que conoc\u00eda. No hab\u00eda gritos, ni m\u00fasica fuerte, sino un murmullo ronco, como si la ciudad respirara con calma. Al llegar al \u00faltimo tramo, dud\u00f3, no por miedo, sino por esa sensaci\u00f3n extra\u00f1a como quien sale de debajo de una ola y tarda en enfocar la imagen.<br>Durante un instante no supo si estaba afuera o si el t\u00fanel simplemente se hab\u00eda vuelto m\u00e1s ancho, m\u00e1s alto, m\u00e1s claro hasta que comprendi\u00f3 que hab\u00eda llegado a la vereda. Dio un paso. Despu\u00e9s otro. Y la calle empez\u00f3 a definirse: fachadas altas, cargadas de molduras, balcones de hierro, trabajados hasta el m\u00e1s m\u00ednimo detalle. Camin\u00f3 unos metros sin apurarse. Un hombre con sombrero se descubri\u00f3 al pasar a su lado, otro de impecable traje y corbata se detuvo en una esquina y salud\u00f3 a un tercero que agitaba el bast\u00f3n mientras hablaba. Las mujeres caminaban con una lentitud contenida, sosteniendo bolsos peque\u00f1os, faldas tubo muy ce\u00f1idas en la cintura y zapatos de taco alto. Sof\u00eda sinti\u00f3 que aquel ritmo inusual era c\u00f3modo, pod\u00eda avanzar sin esquivar, sin calcular, como si hubiera m\u00e1s espacio entre las cosas, entre las personas, incluso los movimientos mostraban una parsimonia desconocida. Se dej\u00f3 llevar, como acomod\u00e1ndose a esa nueva lentitud y sin buscarlo, lo vio.<br>El frente apareci\u00f3 sin imponerse. La marquesina de hierro y vidrio se curvaba sobre la vereda, sosteniendo una luz quieta. El bronce, gastado en los bordes, devolv\u00eda un brillo opaco a la puerta giratoria que engull\u00eda y vomitaba sin pausa: trajes oscuros, sombreros, un entrar y salir sin apuro, como si la calle se prolongara adentro. Y sobre la puerta, en letras doradas\u2026 no necesit\u00f3 leerlas, lo reconoci\u00f3: <strong>Caf\u00e9 Tortoni<\/strong>. Y a pesar de la interna conmoci\u00f3n, no contuvo la imperiosa necesidad de traspasar el umbral. Adentro, el humo flotaba sin disiparse. Mesas de m\u00e1rmol, sillas oscuras, figuras inclinadas sobre tazas peque\u00f1as. Alguien escrib\u00eda. Otro hablaba sin levantar la voz, pero con una intensidad que parec\u00eda sostener la escena entera. El murmullo era continuo, bajo, como si cada conversaci\u00f3n ocurriera al mismo tiempo sin interferir. Tazas sobre el m\u00e1rmol. Bandejas que pasaban. Un mozo de chaleco ajustado, se deslizaba como sobre patines y en una de las mesas, un hombre escrib\u00eda inclinado sobre el papel, con una urgencia contenida, como si las palabras no alcanzaran a salir al ritmo en que parec\u00edan acumularse en su mente. De vez en cuando levantaba la cabeza, miraba alrededor con un gesto breve, casi inc\u00f3modo, y volv\u00eda a escribir. Sof\u00eda se mantuvo a distancia, pero al pasar lo suficientemente cerca, lo oy\u00f3 acompa\u00f1ar con palabras lo que iba escribiendo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f19810f6db34e60c3fbf7dcfce9d0f82\">\u2013 <em>Es necesario ser duro\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6236a44bcabdd26deb072a496494728e\">Lo reconoci\u00f3 de inmediato, no solo por sus palabras sino por su aspecto desali\u00f1ado: el pelo ind\u00f3cil, el traje gastado, y una tensi\u00f3n en el rostro, como si todo le resultara ligeramente insoportable: <strong>Roberto Arlt<\/strong>. Y Sof\u00eda no pudo resistir la tentaci\u00f3n de agregar:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-23c70a3ff6daf9b7d7991e2baa005192\">\u2013 <em>Es necesario endurecerse.<\/em> La frase cay\u00f3 en la mesa como algo ya dicho muchas veces, sin \u00e9nfasis, sin intenci\u00f3n de ser escuchada y es que de hecho <strong>Arlt<\/strong> no se dio por enterado y sigui\u00f3 escribiendo, solo Sof\u00eda sab\u00eda que a\u00f1os despu\u00e9s su libro <a href=\"https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_04\/producto\/los-lanzallamas-roberto-arlt-ebook?v=909ba4ad2bda\"><strong><span style=\"font-size:110%;\"><em><u>Los lanzallamas<\/u><\/em><\/span><\/strong><\/a> se convertir\u00eda en un icono de la literatura porte\u00f1a.<br>El murmullo del caf\u00e9 segu\u00eda ah\u00ed, sostenido, como si nada fuera a interrumpirlo nunca&#8230;<\/p>\n\n\n<p><div class='yrm-content yrm-content-2 yrm-content-hide  ' id='yrm-3MwF1' data-id='2' data-show-status='false' data-after-action='' style=\"visibility: hidden;height: 0;\">\n\t\t\t<div id='yrm-inner-content-yrm-3MwF1' class='yrm-inner-content-wrapper yrm-cntent-2'><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d8fc8149c3f242dc94ebde6611746b02\">Las palabras, el humo, el leve golpeteo de las tazas contra el m\u00e1rmol: todo parec\u00eda repetirse sin variar cuando de pronto, algo cedi\u00f3. No fue un cambio brusco, m\u00e1s bien una leve p\u00e9rdida de consistencia, como si la escena empezara a aflojarse en los bordes. El humo ya no flotaba, las voces se deshac\u00edan, cada vez m\u00e1s lejanas, cada vez m\u00e1s de otro tiempo. Sof\u00eda retrocedi\u00f3 un paso, luego otro, hab\u00eda algo que la empujaba hacia afuera, con una suavidad firme, sin apuro pero sin pausa. Gir\u00f3. La puerta estaba ah\u00ed, demasiado cerca y detr\u00e1s: la calle que la recibi\u00f3 sin transici\u00f3n. Camin\u00f3 unos metros sin rumbo claro. Y all\u00ed, abierta como una boca dispuesta a devorarla, la entrada del subte. Se dej\u00f3 tragar. Una baranda de hierro oscuro, un cartel esmaltado con el nombre de la estaci\u00f3n con letras cuidadosamente trazadas y un rumor met\u00e1lico saliendo de las entra\u00f1as de la tierra. Baj\u00f3 las mismas escaleras que hab\u00eda subido, los escalones de m\u00e1rmol blanco, los azulejos blancos. De repente, el aire volvi\u00f3 a espesarse, el murmullo de la calle qued\u00f3 atr\u00e1s y cuando lleg\u00f3 al and\u00e9n, la formaci\u00f3n ya estaba ah\u00ed. Esper\u00e1ndola. Cuando Sof\u00eda subi\u00f3, las puertas se cerraron con un golpe seco y cuando el tren arranc\u00f3 la frase le lleg\u00f3 como una certeza dicha a gritos: <em>\u00abLo terrible no es la irrealidad, sino que lo irreal se confunda con la realidad.\u00bb <\/em>No en vano Sof\u00eda llevaba escribiendo desde hac\u00eda meses su tesis sobre escritores porte\u00f1os y <strong>Adolfo Bioy Casares<\/strong><em>, <\/em>con <a href=\"https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_04\/producto\/la-invencion-de-morel-adolfo-bioy-casares-ebook?v=909ba4ad2bda\"><strong><span style=\"font-size:110%;\"><u><em>La invenci\u00f3n de Morel<\/em><\/u><\/span><\/strong><\/a><em> <\/em>hab\u00eda dado en el clavo. Aquella ma\u00f1ana tan extra\u00f1a era el producto de tantas noches en vela y ahora le resultaba imposible establecer los l\u00edmites exactos entre realidad y fantas\u00eda, aun as\u00ed se dej\u00f3 llevar. El subte era el de cada d\u00eda y ella segu\u00eda aferrada al pasamos, la cabeza levemente inclinada sobre su brazo pero cuando la formaci\u00f3n entr\u00f3 en el t\u00fanel y contra cualquier previsi\u00f3n fue perdiendo velocidad, poco a poco y casi respetuosamente se detuvo, y esa inc\u00f3moda sensaci\u00f3n volvi\u00f3 a apoderarse de ella. Sof\u00eda lo supo antes de saberlo, lo confirm\u00f3 cuando las puertas se abrieron.<br>Esta vez el and\u00e9n era m\u00e1s amplio que el anterior. Una zona central le otorgaba un aspecto m\u00e1s abierto, las v\u00edas corr\u00edan a ambos lados, una hilera de columnas de hierro oscuro sosten\u00eda el techo con una regularidad casi hipn\u00f3tica. Las paredes, esta vez revestidas en azulejos verdes biselados, estaban atravesadas por una guarda de color azul oscuro con arabescos que se repet\u00edan con precisi\u00f3n. El nombre de la estaci\u00f3n aparec\u00eda en carteles enlozados, letras claras sobre fondo oscuro: <strong>Plaza de Mayo<\/strong>&#8230;<\/p>\n\n\n<p><div class='yrm-content yrm-content-2 yrm-content-hide  ' id='yrm-gSWzP' data-id='2' data-show-status='false' data-after-action='' style=\"visibility: hidden;height: 0;\">\n\t\t\t<div id='yrm-inner-content-yrm-gSWzP' class='yrm-inner-content-wrapper yrm-cntent-2'><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-724f1265513d933cae6f634a4bc8e53b\">Hab\u00eda bancos de listones de madera firmes y vitrinas con marcos met\u00e1licos y otra vez los afiches: jabones, t\u00f3nicos, remedios. La luz, filtrada por tulipas de vidrio, ca\u00eda amarillenta, sin sobresaltos. El aire parec\u00eda sostenerla mientras avanz\u00f3 hacia la salida.<br>La plaza se abri\u00f3 frente a ella con una claridad contenida. No deslumbraba tampoco decepcionaba. Se dejaba ver. La Casa Rosada al fondo, el Cabildo de Buenos Aires hacia un lado. Todo en el perfecto equilibrio que Sof\u00eda conoc\u00eda pero a su vez distinto. Avanz\u00f3 despacio, con la sensaci\u00f3n extra\u00f1a de que no era la plaza la que hab\u00eda cambiado, sino el tiempo que la sosten\u00eda. Lo distinto estaba en las calles adoquinadas, la ausencia de sem\u00e1foros, la inexistencia de colectivos y la gente. Hombres de traje oscuro conversaban en grupos, una mujer cruz\u00f3 la plaza sin prisa empujando un cochecito de beb\u00e9 alto, de ruedas como de bicicleta y capota curva, parecido a un carruaje. El paso de un tranv\u00eda volvi\u00f3 a marcar el ritmo de la calle y Sof\u00eda avanz\u00f3 sin apurarse, bordeando el Cabildo de Buenos Aires y, casi sin darse cuenta, tom\u00f3 por Bol\u00edvar. En la siguiente esquina, una librer\u00eda le sali\u00f3 al paso. Se acerc\u00f3 al vidrio, casi instintivamente dio dos pasos atr\u00e1s y levant\u00f3 la mirada. El nombre apareci\u00f3, pintado sobre la madera, en un dorado gastado que no buscaba llamar la atenci\u00f3n. <strong>Librer\u00eda de \u00c1vila<\/strong>.<br>Adentro, los estantes cargados, los libros dispuestos sin apuro que no esperaban ser vendidos sino encontrados hicieron palpitar el coraz\u00f3n de papel y tinta de Sof\u00eda que sin pensarlo dos veces empuj\u00f3 las puertas batientes y entr\u00f3. Del otro lado del mostrador el librero escuchaba con atenci\u00f3n a un hombre que sosten\u00eda un volumen abierto, se\u00f1alando un pasaje con el dedo. Vestido de impecable traje oscuro, el nudo de la corbata exacto, el bigote recortado, la mirada fija, recitaba en voz baja con una quietud que no era duda sino decisi\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-522270fd63551dcd1cac171cc80f7cef\">\u2013<em>Primog\u00e9nita ilustre del Plata \/ en solar apertura hacia el Este \/ donde atado a tu cinta celeste \/ va el gran r\u00edo color de le\u00f3n\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2376f92d99f6fe1b70ac0c5710c906b3\">\u2013Soberbio don Leopoldo \u2013son\u00f3 la voz del librero asintiendo. Era la cara, era la forma y sobre todo las palabras. \u00a1Por supuesto!, estuvo a punto de exclamar Sof\u00eda: <strong>Leopoldo Lugones <\/strong>y aquellos versos eran del poema \u201cA Buenos Aires\u201d, en <strong><em><a href=\"https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_04\/producto\/odas-seculares-leopoldo-lugones-gratuito-ebook\"><span style=\"font-size:110%;\"><u>Odas seculares<\/u><\/span><\/a><\/em><\/strong>. Sin embargo, algo le dec\u00eda que guardar silencio en aquel Buenos Aires era la mejor alternativa, por eso retrocedi\u00f3 un paso, despu\u00e9s otro, se dio vuelta. La puerta de la Librer\u00eda de \u00c1vila se cerr\u00f3 a su espalda sin ruido y la calle volvi\u00f3 a recibirla con esa calma medida que ya no le resultaba ajena. Camin\u00f3 sin apuro, bordeando nuevamente el Cabildo de Buenos Aires. La plaza segu\u00eda all\u00ed, intacta, como si nada hubiera ocurrido y a unos pasos, la boca del subte abierta en la vereda. Con manos tr\u00e9mulas se asi\u00f3 a la baranda de hierro, lo \u00faltimo que vieron sus ojos fue el cartel esmaltado: Plaza de Mayo. Luego el aire volvi\u00f3 a espesarse, pis\u00f3 casi sin pisar los escalones finales antes de desembocar en el and\u00e9n que segu\u00eda tal y como lo hab\u00eda dejado minutos atr\u00e1s. Contra toda predicci\u00f3n no hab\u00eda una formaci\u00f3n esper\u00e1ndola. Algo la empuj\u00f3 m\u00e1s all\u00e1, hacia un pasillo lateral que, angosto, la invitaba a descubrir un nuevo derrotero. Esta vez, la guiaron los carteles indicadores suspendidos desde lo alto: \u201cCombinaci\u00f3n L\u00ednea B\u201d y m\u00e1s all\u00e1, el pasillo se estrechaba, luego se ensanchaba, volv\u00eda a doblar: \u201cCombinaci\u00f3n L\u00ednea D\u201d y las paredes cambiaban apenas de tono, los azulejos ya no eran exactamente los mismos y sus pasos cantaban con un eco extra\u00f1o. Sigui\u00f3. Otro cartel. Otra flecha. En alg\u00fan punto sinti\u00f3 un leve vah\u00eddo, dej\u00f3 de intentar orientarse, el t\u00fanel la llevaba. Cuando volvi\u00f3 a encontrar el and\u00e9n, el cambio ya estaba hecho. Las paredes estaban cubiertas por azulejos esmaltados que representaban diferentes escenas. Cada imagen se descompon\u00eda en cuadrados exactos, como si la historia hubiera sido cortada en fragmentos iguales. De cerca, parec\u00edan quebrarse, a la distancia, encajaban perfectamente. Hab\u00eda figuras en movimiento: caballos lanzados hacia adelante, cuerpos inclinados, brazos en alto, banderas que parec\u00edan avanzar aunque el esmalte las fijara en el aire. Los colores ocres, celestes, rojos apagados, no buscaban imitar la realidad sino ordenarla. El nombre de la estaci\u00f3n aparec\u00eda integrado en la pared, sin separarse de la escena: <strong>Diagonal Norte<\/strong>&#8230;<\/p>\n\n\n<p><div class='yrm-content yrm-content-2 yrm-content-hide  ' id='yrm-Q0RVs' data-id='2' data-show-status='false' data-after-action='' style=\"visibility: hidden;height: 0;\">\n\t\t\t<div id='yrm-inner-content-yrm-Q0RVs' class='yrm-inner-content-wrapper yrm-cntent-2'><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e47feb53d6ff084318dadda2047d2958\">Una fuerza extra\u00f1a la conduc\u00eda dentro de un mundo que a todas luces no era el de siempre. La gente tampoco era la de siempre. Las mujeres vest\u00edan faldas largas y zapatos de taco aguja; los hombres, sin excepci\u00f3n, llevaban traje y corbata. Las ni\u00f1as calzaban zapatos de charol y faldas tableadas; los varones, pantalones cortos y c\u00e1rdigans como peque\u00f1os adultos prematuros. Nadie parec\u00eda advertir nada extra\u00f1o, incluso Sof\u00eda sinti\u00f3 que nadie percib\u00eda su presencia y se dej\u00f3 arrastrar por aquella ciudad que era y no era la suya. No hab\u00eda escaleras mec\u00e1nicas y a esta altura ya no le sorprendi\u00f3 volver a pisar los escalones de m\u00e1rmol blanco, gastados, verdaderas piezas de museo que la conduc\u00edan hacia el exterior. Se dej\u00f3 llevar por la marea humana, m\u00e1s rala, m\u00e1s ordenada que la conocida.<br>Olvidada del recorrido de siempre sigui\u00f3 subiendo en busca del exterior y casi estaba preparada para ver lo que vio: otra vez una Buenos Aires que reconoc\u00eda por fotograf\u00edas m\u00e1s que por memoria. Un tranv\u00eda avanzaba lentamente por la calle adoquinada, los hombres vest\u00edan trajes oscuros, sombrero, bigote prolijo, incluso bast\u00f3n. Las vidrieras ten\u00edan un secreto encanto de filigranas que de alguna manera la subyugaron, sobre todo las confiter\u00edas, una de ellas le llam\u00f3 la atenci\u00f3n. Un cartel impreso en tipograf\u00eda cuidada, anunciaba algo as\u00ed como una charla cultural o una conferencia: <em>Buenos Aires es una ciudad que espera<\/em>, <strong>Leopoldo Marechal<\/strong>, <em>Hoy martes 21.30 hs<\/em>.Se alej\u00f3 un par de metros y contempl\u00f3 la fachada estilo Belle \u00c9poque, mesas de m\u00e1rmol, espejos biselados y vitrales y sobre la marquesina de hierro y bronce pulido el nombre del sitio: <strong>Confiter\u00eda Ideal<\/strong>. <br>Sinti\u00f3 un estremecimiento, un nudo en el est\u00f3mago y se restreg\u00f3 los ojos como quien intenta sacarse el sue\u00f1o de encima, aquel sitio no era una Confiter\u00eda m\u00e1s y aquella frase que ley\u00f3 sobre el cartel no era una frase cualquiera, era de la novela <strong><em><a href=\"https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_04\/producto\/adan-buenosayres-leopoldo-marechal-ebook\"><span style=\"font-size:110%;\"><u>Ad\u00e1n Buenosayres<\/u><\/span><\/a><\/em><\/strong> de <strong>Leopoldo Marechal<\/strong>, y era la que hab\u00eda elegido como ac\u00e1pite para su tesis justo la noche anterior y entonces como quien comprueba un dato equivocado, ley\u00f3 nuevamente: <em>Hoy martes 21.30 hs<\/em>. No hab\u00eda lugar a dudas, hoy es hoy, pens\u00f3 y entonces descubri\u00f3, se dio cuenta con estupor que estaba en Buenos Aires, s\u00ed, pero en la d\u00e9cada del \u201950.<br>De golpe como si ella misma lo estuviera realizando por pura necesidad, un torbellino sacudi\u00f3 el pasado y antes de que pudiera reaccionar, sinti\u00f3 una succi\u00f3n, el pasadizo volvi\u00f3 a abrirse a sus espaldas y una fuerza suave pero insistente la empuj\u00f3 de regreso. Con la suavidad de las acciones cotidianas se pos\u00f3 dentro del vag\u00f3n justo cuando las puertas se cerraban y el tren avanz\u00f3. Cuatro estaciones, cuatro estaciones, repiti\u00f3 casi con miedo. Y en la cuarta el tren entr\u00f3 muy lentamente. Y con la aparente normalidad de una silenciosa premonici\u00f3n que se cumpl\u00eda, comprob\u00f3 que todo volv\u00eda a repetirse. El and\u00e9n ya no mostraba los techos altos sino una l\u00ednea m\u00e1s cl\u00e1sica, sostenido por vigas simples, brindaba una sensaci\u00f3n de espacio contenido. Las paredes, revestidas en azulejos rectangulares de tono claro, se extend\u00edan sin interrupciones. No hab\u00eda columnas y el recorrido se abr\u00eda limpio, directo, apenas cortado por bancos de madera adosados a la pared. El nombre de la estaci\u00f3n aparec\u00eda en placas rectangulares, sin \u00e9nfasis: <strong>Florida<\/strong>.<br>La luz amarillenta hab\u00eda sido reemplazada por una m\u00e1s blanca, sin matices, sin el refugio de las sombras como si la modernidad la hubiera alcanzado. Aunque no del todo, a juzgar por los anuncios que lentamente pasaban delante de la ventanilla: tipograf\u00edas elegantes, nombres de tiendas, telas, relojes, editoriales. Cuando la formaci\u00f3n se detuvo, sin dudarlo Sof\u00eda pis\u00f3 el and\u00e9n. M\u00e1s all\u00e1 un pasillo oscuro por el que se adentr\u00f3. Casi sobrevolando el piso, se dej\u00f3 conducir hacia arriba. Y arriba, una esquina y en la esquina, una placa esmaltada, fondo oscuro, letras blancas apenas gastadas en los bordes con el nombre de la calle Florida que iluminada pero sin exceso se abr\u00eda en una l\u00ednea continua. La vereda, ancha y lisa, devolv\u00eda un brillo tenue bajo los pasos. Los hombres caminaban despacio, algunos detenidos frente a los escaparates, otros conversando en voz baja. Sombreros, trajes oscuros, el gesto medido. Las mujeres pasaban sin apuro, sosteniendo carteras peque\u00f1as, como si lo que llevaban dentro era solo lo que la decencia dictaba. Las vidrieras se suced\u00edan una tras otra, cuidadas hasta el m\u00ednimo detalle: telas expuestas con una precisi\u00f3n casi geom\u00e9trica, zapatos alineados, relojes suspendidos en peque\u00f1os soportes, libros dispuestos como si acabaran de ser tocados. En los vidrios, los nombres se impon\u00edan: Harrods, Gath &amp; Chaves, Grimoldi y una librer\u00eda: Mitchell\u2019s, con vol\u00famenes en ingl\u00e9s alineados con una prolijidad casi excesiva, m\u00e1s all\u00e1 la librer\u00eda El Ateneo, claro que la fachada no era la que Sof\u00eda recordaba, esta era mucho m\u00e1s rococ\u00f3 y acompa\u00f1aba el estilo del entorno. Y entonces, tras un parpadeo, Sof\u00eda se descubri\u00f3 atisbando la vidriera de la <strong>Confiter\u00eda Richmond<\/strong>, adentro observ\u00f3, totalmente sorprendida, nada m\u00e1s ni nada menos que una reuni\u00f3n del grupo Sur, lo supo cuando vio la inconfundible estampa de <strong>Bioy Casares<\/strong> y su esposa, <strong>Silvina Ocampo<\/strong>. Comprendi\u00f3 entonces que aquel Buenos Aires, el de ayer, el de los libros, no hab\u00eda desaparecido del todo, sino que segu\u00eda esperando, paciente, estoico solo hac\u00eda falta un parpadeo.<br>Parada en medio de la calle Florida, justo cuando llegaba a la conclusi\u00f3n de que aquel viaje la estaba desestabilizando, esta vez no se abri\u00f3 un pasaje, ni un pasillo sino un espacio sin forma definida, una suerte de pasarela suspendida en el aire, Sof\u00eda sinti\u00f3 miedo y una duda tremenda, por primera vez pens\u00f3 en no volver, en quedarse all\u00ed, fuera de su recorrido diario, fuera del reloj. Pero el sonido del subte regres\u00f3, insistente, como un llamado inevitable. Y movida por una energ\u00eda ajena, el vag\u00f3n de siempre la recibi\u00f3 otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d56a1fc6ea4acb2612e9f8fd70b30a0\">Abri\u00f3 los ojos y levant\u00f3 la cabeza de su brazo. A su lado, un joven de jeans y pelo enmara\u00f1ado le\u00eda un libro que sosten\u00eda en sus manos. Contra su voluntad, Sof\u00eda era consciente del repudio que eso causa en los que leen, espi\u00f3 todav\u00eda un poco desbordada por sobre el hombro del joven y reconoci\u00f3 una frase, como si alguien se la susurrara desde muy lejos: <em>\u201c\u00bfQui\u00e9n est\u00e1 dispuesto a desplazarse, a desaforarse, a descentrarse, a descubrirse?\u201d. <\/em>Evidenciando su incomodidad el chico cerr\u00f3 el libro de golpe y Sof\u00eda vio la tapa: <a href=\"https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_04\/producto\/rayuela-julio-cortazar-ebook?v=909ba4ad2bda\"><strong><span style=\"font-size:110%;\"><u>Rayuela<\/u><\/span><\/strong><\/a>, ante la evidente incomodidad del joven, esboz\u00f3 una sonrisa de disculpa y pens\u00f3, <strong>Cort\u00e1zar<\/strong> siempre acudiendo al auxilio de quienes no encajan del todo en la realidad, y si algo representaba a Sof\u00eda esa ma\u00f1ana era la ubicuidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-49f0d8c247cc994f45d4df310708e60b\">El altavoz anunci\u00f3 la estaci\u00f3n, todo hab\u00eda vuelto a la normalidad. Pantallas encendidas, publicidad, gente apurada.<br>El kiosco de diarios segu\u00eda en su lugar. El vendedor sentado en un taburete alto la mir\u00f3 como si acabara de hablar con ella y entonces comprendi\u00f3 que estaba en el punto de partida y antes de que todo volviera a trastocarse se apresur\u00f3 a preguntar:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ee2296030a3d6453a742746e7186074\">\u2013Usted\u2026 \u00bfdijo algo acerca de Buenos Aires? \u2013balbuce\u00f3, insegura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-94a663d7ea09b139f28d64981c59997b\">El hombre levant\u00f3 la vista y como si la palabra Buenos Aires activara en \u00e9l una cuerda m\u00e1gica sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fbcfcf910d23d9412d7e51f9dcf508d4\">\u2013\u201c<em>Hay ciudades que solo se dejan ver una vez<\/em> \u2013respondi\u00f3\u2013 <em>y luego se cierran, para no volver a abrirse nunca m\u00e1s<\/em>\u00ab. Y con un sonriente suspiro agreg\u00f3: \u2013<a href=\"https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_04\/producto\/las-ciudades-invisibles-italo-calvino-ebook?v=909ba4ad2bda\"><strong><em><span style=\"font-size:110%;\"><u>Las ciudades Invisibles<\/u><\/span><\/em><\/strong><\/a> de <strong>Italo Calvino<\/strong>. Mientras sub\u00eda las escaleras hacia la superficie Sof\u00eda pens\u00f3 que el mismo quiosquero era un poeta. El viento \u00e1spero volvi\u00f3 a golpearla en el rostro. La ciudad de arriba segu\u00eda funcionando como siempre: ruidosa, gris, indiferente. Todo parec\u00eda igual. Camin\u00f3 hacia su casa tranquila, mezclada con la multitud. Bajo sus pies, en el estr\u00e9pito del subte, Buenos Aires segu\u00eda respirando desde el pasado: una ciudad con alma y coraz\u00f3n, que lat\u00eda obstinada, sin penas ni olvido.<br>Pens\u00f3 que quiz\u00e1s la ciudad no era solo ese presente que se aguanta, sino tambi\u00e9n todo lo que persiste debajo, esperando: las voces, los libros, los gestos, las noches que no terminan de irse. Entonces, sin saber por qu\u00e9, tarare\u00f3 en voz baja, como si alguien se lo dictara desde los t\u00faneles o desde la memoria misma de la ciudad: <em>\u201cMi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habr\u00e1 m\u00e1s penas ni olvido\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n<p><\/div>\n\t\t<\/div><div class='yrm-btn-wrapper yrm-btn-wrapper-2 yrm-more-button-wrapper  '\n\t\tdata-custom-more-class-name='' data-custom-less-class-name=''><span title='' data-less-title='' data-more-title='' class='yrm-toggle-expand  yrm-toggle-expand-2 ' data-rel='yrm-Q0RVs' data-more='Leer m\u00e1s...' data-less='Read less'><span class='yrm-text-wrapper yrm-text-wrapper-custom-dimensions'><span class=\"yrm-button-text-2 yrm-button-text-span\">Leer m\u00e1s...<\/span><\/span><\/span><\/div><\/div>\n\t\t<\/div><div class='yrm-btn-wrapper yrm-btn-wrapper-2 yrm-more-button-wrapper  '\n\t\tdata-custom-more-class-name='' data-custom-less-class-name=''><span title='' data-less-title='' data-more-title='' class='yrm-toggle-expand  yrm-toggle-expand-2 ' data-rel='yrm-gSWzP' data-more='Leer m\u00e1s...' data-less='Read less'><span class='yrm-text-wrapper yrm-text-wrapper-custom-dimensions'><span class=\"yrm-button-text-2 yrm-button-text-span\">Leer m\u00e1s...<\/span><\/span><\/span><\/div><\/div>\n\t\t<\/div><div class='yrm-btn-wrapper yrm-btn-wrapper-2 yrm-more-button-wrapper  '\n\t\tdata-custom-more-class-name='' data-custom-less-class-name=''><span title='' data-less-title='' data-more-title='' class='yrm-toggle-expand  yrm-toggle-expand-2 ' data-rel='yrm-3MwF1' data-more='Leer m\u00e1s...' data-less='Read less'><span class='yrm-text-wrapper yrm-text-wrapper-custom-dimensions'><span class=\"yrm-button-text-2 yrm-button-text-span\">Leer m\u00e1s...<\/span><\/span><\/span><\/div><\/div>\n\t\t<\/div><div class='yrm-btn-wrapper yrm-btn-wrapper-2 yrm-more-button-wrapper  '\n\t\tdata-custom-more-class-name='' data-custom-less-class-name=''><span title='' data-less-title='' 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title='' data-less-title='' data-more-title='' class='yrm-toggle-expand  yrm-toggle-expand-2 ' data-rel='yrm-K0TSN' data-more='Leer m\u00e1s...' data-less='Read less'><span class='yrm-text-wrapper yrm-text-wrapper-custom-dimensions'><span class=\"yrm-button-text-2 yrm-button-text-span\">Leer m\u00e1s...<\/span><\/span><\/span><\/div>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n\n\n<p>Comparte la experiencia  \ud83d\ude09<br \/>\n<div class=\"heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing\" data-heateor-ss-offset=\"0\" data-heateor-sss-href='https:\/\/www.taller-palabras.com\/WordPress_06\/historia\/literatura-clasica-3-2-2\/'><div class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><a aria-label=\"Facebook\" class=\"heateor_sss_facebook\" href=\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fwww.taller-palabras.com%2FWordPress_06%2F%3Fp%3D5925\" title=\"Facebook\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" 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