Reescribir un clásico es uno de los guiños literarios más potentes de la literatura contemporánea, un gesto que permite a los autores dialogar con la tradición desde nuevas perspectivas.
Reescribir un clásico no implica modernizarlo ni corregirlo según los valores actuales, sino intervenir en una historia que permanece viva, ampliarla, tensionarla o revelarla desde nuevos ángulos. Los clásicos, como toda obra literaria, funcionan como materia en combustión lenta: regresan porque siguen diciendo algo, pero también porque invitan a ser discutidos y sobre todo porque nos proponen un punto de vista actual sobre el pasado.
Una de las formas más visibles de reescritura contemporánea…
es la que toma a un personaje secundario o marginal del clásico y lo convierte en protagonista. Esta operación no busca negar la obra original, sino iluminar aquello que quedó fuera de campo y muchas veces fuera de la historia misma de la humanidad. Tal es el caso de Los perros del paraíso donde Abel Posse, su autor, nos propone la reescritura del Diario de a bordo de Colón, pero incorporando la mirada de personajes indígenas y figuras históricas relegadas. Trabaja explícitamente sobre “lo excluido” de la épica conquistadora.
En tiempos donde la literatura explora identidades, memorias y sensibilidades de todo tipo, la reescritura se ha convertido en un territorio creativo de privilegio reservado solo para quienes llevan sobre sus espaldas la lectura de los clásicos y sienten que al reescribirlos instauran un diálogo con el pasado para interrogar el presente…
No es un gesto de nostalgia, sino una táctica para reformular historias conocidas, explorar nuevas perspectivas y examinar sus resonancias. No significa que los autores se han quedado sin ideas, sin historias para contar, sino más bien que inexorablemente las historias se repiten y, ¿las ideas? Las ideas se acomodan, se adaptan al contexto. Por eso, esta forma de reinterpretar las historias pretéritas ocupa hoy un lugar preponderante, se integra naturalmente al discurso narrativo contemporáneo y adopta múltiples formas visibles en novelas que reinventan en profundidad sus fuentes originales.
En La mujer habitada de Gioconda Belli, nos hallamos frente a la reescritura libre del mito de Itzá, una guerrera indígena cuyos relatos apenas aparecen en las narrativas coloniales. La voz femenina y subalterna gana protagonismo frente al discurso histórico masculino…
A veces los autores buscan trasladar lo antiguo al presente: reescrituras en clave contemporánea. Otra forma frecuente consiste en llevar la estructura del clásico a un escenario actual, donde los conflictos resuenan con nuevas problemáticas.
El proyecto Hogarth Shakespeare es una iniciativa de la editorial Hogarth Press que encarga a escritores contemporáneos de renombre la reescritura y reinterpretación de obras de William Shakespeare para un público moderno. Dentro de ese proyecto, Tracy Chevallier escribe la novela El chico nuevo que es una reinterpretación de Otelo de Shakespeare. Ambas obras comparten la trama central de celos y prejuicios, pero difieren en el contexto: la novela de Chevalier está ambientada en una escuela primaria de los años setenta donde la violencia social que vemos en Otelo se transforma en violencia infantil, mostrando cómo la exclusión y la sospecha se aprenden temprano.
Clara y el sol de Kazuo Ishiguro, está inspirada en: Frankenstein de Mary Shelley.
¿Qué hace? Lleva el conflicto del “ser creado” que busca entender a los humanos a un futuro cercano con inteligencia artificial donde los dilemas éticos reemplazan el horror gótico.
En ambos casos, el clásico funciona como una estructura emocional que se traslada y renueva: la historia es distinta, pero la esencia moral permanece.
El auge de las reescrituras mitológicas en los últimos diez años muestra una tendencia clara: la búsqueda de nuevas sensibilidades para narrar historias muy antiguas. En este contexto, las reescrituras feministas no solo retoman figuras femeninas relegadas, sino que también interrogan los mecanismos de silenciamiento presentes en los relatos originales. Lejos de limitarse a “actualizar” la trama, estas obras desplazan el punto de vista hacia quienes estuvieron en los márgenes del canon: diosas, brujas, esposas abandonadas, víctimas sacrificiales o simples acompañantes sin voz. La operación consiste, muchas veces, en mostrar cómo los mitos clásicos configuraron modelos de conducta femenina y cómo esas mismas narrativas pueden ser desarmadas, reescritas o incluso subvertidas para iluminar nuevas formas de agencia, subjetividad y resistencia. Esta relectura del mito desde una perspectiva contemporánea no destruye la tradición: la ensancha, revelando tensiones que el imaginario patriarcal había naturalizado durante siglos.
El ejemplo más difundido es Circe (2018) de Madeline Miller, donde la hechicera homérica toma la palabra. En La Odisea de Homero, Circe era apenas un episodio; en esta reescritura se convierte en un personaje complejo que reflexiona sobre poder, deseo, maternidad, soledad y creación. Miller no solo transforma un mito, sino que lo reorienta hacia preguntas contemporáneas sobre la autonomía de las mujeres.
Necesidad de memoria. Búsqueda de identidad. Sensibilidad ética. Exploración creativa: los clásicos funcionan como moldes elásticos, capaces de generar formas inéditas. Reescribirlos no es un gesto de irreverencia ni una moda editorial: es una forma profunda de pensar el presente es, en definitiva, un modo de mantener vivo un diálogo que cruza épocas, lenguas y sensibilidades.
Al reescribir los nuevos autores releen, re-imaginan y desplazan los textos del pasado al presente, revelan lo que fue silenciado y abren posibilidades narrativas inesperadas. Cada reescritura es una conversación con el tiempo: un puente entre lo que fuimos y lo que somos capaces de imaginar.

Profesora de escritura creativa y coordinadora de talleres literarios, editora y correctora literaria, reseñadora y crítica literaria.
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