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La novela histórica goza de buena salud

La ficción de ambientación histórica que conocemos como Novela histórica ocupa la primera posición entre las preferencias de los lectores a lo largo y ancho del planeta. Pero sus comienzos no tienen nada que ver con un boom de ventas ni con una imaginaria hipótesis de que solo en el presente nos interesa el pasado.
La novela histórica no es solo un fenómeno de ventas actual, sino un interés por el pasado remoto o más reciente, que acompaña a los lectores desde su surgimiento como novela más allá de la ficción.
Si nos remontamos a otros períodos de la humanidad, descubriremos que en el Romanticismo, la novela histórica fue considerada por las élites intelectuales como una producción literaria de baja estima, lo que no ha impedido que gozara de la confianza de los lectores de esa época. Su posicionamiento dentro de las producciones de alto vuelo literario fue creciendo con el tiempo.

Walter Scott con su novela “Waverley” y más tarde con “Ivanhoe”, es quien abre un panorama enloquecedor para los lectores de principios del 1800. Sí, el ámbito era propicio y el panorama fue realmente enloquecedor ya que el público recibió esa primera novela como una verdadera innovación en el arte de contar. Pero sobre todo, en la posibilidad de enterarse de ciertas cosas del pasado que hasta entonces permanecían, sino en el anonimato, al menos transmitidas bajo una especie de controversia entre el gobierno de turno y la verdad.
Desde Walter Scott, pasando por Alejandro Dumas y hasta Santiago Posteguillo con sus obras “Yo, Julia” y su continuación “Y Julia retó a los dioses”,mucha agua ha corrido bajo el puente de la literatura y las novelas históricas. Lo cierto es que hoy en día vivimos una especie de enloquecedora adicción a las novelas de este género.
En principio, la novela histórica ofrece un fascinante campo de posibilidades. Su capacidad para recrear de forma vívida épocas y personajes, sirve también para superar ciertos tópicos en la visión de la Historia, sirve para conocer de dónde venimos y porque somos lo que somos. Pero lo maravilloso es aprender ese pasado sin la tediosa incursión en los libros de Historia. La novela histórica cabalga en ese fascinante territorio fronterizo entre dos vocablos escurridizos: la ficción (lo que pudo ser históricamente hablando) y la realidad (lo que históricamente fue verdad). Ambas se entremezclan y resulta subyugante entender no solo lo que fue sino lo que pudo haber sido. Ya se trate de ficciones protagonizadas por personajes reales o imaginarios, lo primordial para el autor de la novela histórica es encontrar el debido equilibrio entre información y narración.

Toda novela histórica es, pues, ficción. Y del mismo modo, toda ficción es, en cierto grado, historia (o si no lo es aún, terminará por serlo), puesto que nos describe un mundo que, imaginado o no, se relaciona con la realidad.
Las cifras de ventas indican que la novela histórica cuenta, al día de hoy, con un nutrido y fiel grupo de seguidores, y que este número va en aumento, como lo confirma la proliferación de nuevos autores y sagas de libros.

¿Cuál es la razón del éxito de este género que, aún hoy, con demasiada frecuencia es minusvalorado por la crítica?

Desde “Ivanhoe” a “Y Julia retó a los dioses”(por citar solo estos dos ejemplos) la forma conocida de la novela histórica es eminentemente popular y como es bien sabido lo popular, lo accesible a cualquier lector es lo que finalmente termina por convertirse en record de ventas. Aunque pocas de las novelas históricas de nuestro presente lleguen a convertirse en clásicos, lo cierto que es la mayoría de ellas se han convertido en “bestsellers”.
La magia reside para muchos en el placer que produce la inmersión en una época determinada. Novelas como “La catedral del mar” de Idelfonso Falcones o “Los pilares de la tierra” de Kent Follet, nos permiten entrar, estar y convivir con la Edad Media. La saga de Jean M. Auel: “El clan del oso cavernario”, nos aproxima a nuestro antepasado, el Homo erectus, del cual poco sabemos y mucho queremos saber. “Sinuhé el egipcio” de Mika Waltari nos permite entrar en el fascinante mundo de la primera gran civilización de la tierra.

Lo mismo sucede con cada etapa de nuestro pasado, allá donde queramos viajar podemos hacerlo por medio de la novela histórica. Un viaje donde además se nos permite una mirada vivencial de los hechos, despojada del acartonamientos de las gruesas Enciclopedias y nos acerca más a aquella realidad, que salvando las distancias y sobre todo el tiempo, también podríamos haber vivido.


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