Las polleras del policial

No me gusta hablar de escritura de mujeres o escritura de hombres. No comulgo con esas categorizaciones. La escritura es la escritura y punto. No creo que una historia tenga connotaciones masculinas o femeninas y menos aún el discurso narrativo que transmite esa historia. Ni mejores ni peores, solo diferentes cabezas que, más allá de su género, escriben. A las pruebas me remito.

¿Alguien puede, sin conocer a su autor, decir que un libro fue escrito por un hombre o por una mujer? Creo que los autores que conmueven trascienden prejuicios y categorías de cada época y por supuesto están más allá de usar polleras o pantalones.
¿Alguien puede adivinar leyendo a Dolores Redondo que quien escribe es una mujer? En absoluto. ¿Alguien podría afirmar que “La sombra del viento” (sin conocer a su autor repito) fue escrita por un hombre? No. Y simplemente porque en pleno siglo XXI hombres y mujeres se han igualado en muchos aspectos, y en la literatura también.

Pero… y sin entrar en encasillamientos ni en connotaciones de ningún tipo, me gustaría poner de relieve que ciertos trasfondos argumentales, sin ser privativos de las mujeres, son importantes para brindar profundidad a una historia. La psicología de los personajes. A eso me remito cuando de mujeres que escriben se trata.

En un policial, por lo general, los personajes se presentan en una perspectiva contrapuesta: el policía, el detective, el inspector; el asesino y el espía, o sea los buenos y los malos. Por lo general son tipos, tienen caracteres bien definidos y no evolucionan a lo largo del relato. Sin embargo si una escritora o un escritor se permite torcer un poco este paradigma del policial, entonces los personajes sí evolucionan y eso se logra cuando además de la intriga y el enigma, se trabaja sobre la personalidad del protagonista.

Por eso mientras destaco la autoría (presente y pasada) femenina en el género policial, un género que siempre ha sido catalogado como “de pantalones llevar”, también me permito corroborar que el interior de los personajes (su psicología) es el punto fuerte de muchas de esas autoras.

La significativa y sólida presencia de la mujer no es privativa del siglo en que vivimos, donde la mujer ha logrado emparejarse con el hombre sobre todo en materia de escribir libros. Hagamos un poco de historia.

Si rastreamos los comienzos del género caeremos en la ya mil veces referida nouvelle de Edgard Allan Poe, “Los crímenes de la calle Morgue” pero la idea acá no es hacer un estudio sobre el camino que el género policial ha recorrido a lo largo del tiempo porque nos demandaría sin duda mucho más que un breve artículo. Centrémonos en lo que nos convoca el día de hoy “Las polleras del policial”.
Cuando hablamos de mujeres escritoras, cuando hablamos de mujeres que escriben novelas policiales el primer nombre que nos llega es el de Agatha Christie, con una bibliografía tan pero tan amplia que sería irrisorio mencionar solo algunos títulos sin embargo y para quienes quieran zambullirse en el policial de enigma y estén preparados para una clase magistral podrían comenzar por “Los diez negritos” o “Asesinato en el Orient Express” y de paso si también les gusta el séptimo arte tienen varias versiones en celuloide de estas novelas muy bien versionadas.

Economía de redacción, es quizás el rasgo característico de Agatha Christie, a mi modo de ver, elemental para el policial (sobre todo el de enigma). Pero ojo, que esa economía Agatha la destina hábilmente a causar placer en el lector, lo cual en definitiva genera la adicción que muchos hemos tenido en algún momento por sus historias. Con esa sólida característica, la autora británica se permitía bucear en la mente de sus personajes y en el corazón de muchos de ellos. Esa pequeña cuota de psicología bien aplicada era y es un rasgo característico de sus obras que se replica en las novelas de muchas mujeres que la sucedieron. Claro que como cualquier autor, ella también era producto de su época y escribía parada desde la vereda que conocía. Sus novelas están ambientadas en ese mundo clasista donde nació y donde se movía, pero lo interesante es que (al mejor estilo Jane Asusten) no hacía una apología de las clases altas sino que, entre líneas, había una mirada irónica y crítica sobre los estereotipos de su época. Una vez más la psicología aplicada a la sociedad que además tiene un nombre: sociología. Pero no entremos en pánico y quedémonos simplemente con la psiquis de los personajes que son los que llevan la voz cantante dentro de una historia.

Y seguimos en el siglo XX y primeros años del XXI ya que la longeva Dorothy James, vivió casi 100 años. Phyllis Dorothy James, más conocida como P.D.James, británica también, al más puro estilo inglés: sobrio y preciso, elegante y majestuoso, manejaba la ironía, esa ironía inglesa que se tiene o no se tiene, pero no se copia. Claro es que, al lector que quiera divertirse sin más, puede preferir a Agatha Christie, más sencilla de leer.
P.D.James
es considerada por muchos como la sucesora de Agatha Christie y aunqueella misma en cierta forma despreciaba esta comparación, la influencia es innegable, claro que James supo usarla a su favor ahondando en la psicología de sus personajes, pero sobre todo afinando el estudio de la sociedad británica con un aporte más objetivo de las clases sociales, menos clasista.
Considerando lo anterior, ella mejora (según mi criterio personal) a la reina del crimen. En sus novelas no es solo un acertijo a resolver como en el caso de Agatha, sino que asistimos a un verdadero estudio sociológico y psicológico de los actores de sus historias.
Nos quedamos un ratito más en Inglaterra pero viajamos en el tiempo a fines del siglo XX, cuando en 1976 nace Ruth Ware,quien tampoco puede despegarse de la influencia de la “Queen Agatha”. La misma Ware ha admitido haber sido inconscientemente influenciada por Christie y otros novelistas de misterio de la época. Las protagonistas de sus historias suelen ser mujeres corrientes que se encuentran en situaciones peligrosas relacionadas con un delito. La primera novela de Ware presenta un misterio de asesinato con un grupo de personas atrapadas o restringidas de escapar inmediatamente de un entorno peligroso. Estoy hablando de “La mujer del camarote 10”. Y no podemos dejar de pensar en “Asesinato en el Orient Express”, donde Christie utiliza este dispositivo de trama, que se repite en muchas de sus novelas. Este tipo de escenarios asfixiantes le permiten también a Ware sumergirse en los pensamientos y sensaciones de sus personajes: la psicología jugando un papel importantísimo en las historias de esta autoraquese mantiene fiel aun género donde el misterio a develar es la zanahoria delante de las narices del lector, un género que sigue viendo pasar las aguas de la literatura, se aggiorna, se contextualiza, un género donde la psicología una vez más aparece como el detonante, como la excusa para sumergirse en el género policial.

Ahora viajamos en el espacio y dentro del siglo XXI nos vamos a España. Es bastante singular la aparición de escritoras españolas que en las últimas décadas escriben y descollan en el género policial. Son muchas pero me centraré en dos que a mi entender representan las polleras de España, las polleras del policial.
Dolores Redondo, ganadora del premio Planeta y una de las voces que más se hacen oír. Para entrar de lleno en su mundo recomiendo “Trilogía del Baztán”. Una de las características principales de la estilística de Redondo son las descripciones minuciosas y detalladas, en concreto, de los espacios y de la naturaleza. En sus historias hace que por momentos nos olvidemos de la excusa, ese crimen a develar, y justamente porque asistida por un lenguaje refinado la autora tiende a insertar reflexiones y pensamientos de corte intimista del personaje principal, con un toque repetitivo que demanda la atención del lector en todo momento. Ese recurso va más allá del enigma a resolver para mostrarnos quién es el que vive desde su interior lo que está sucediendo.
Sí, otra vez, la psicología del personaje, eso que le pasa por dentro en referencia a lo que pasa afuera sigue siendo superlativo aunque no privativo de los policiales de esta autora, quien además se permite poner como protagonista a una mujer. Dolores Redondo no es la única ni la primera me dirán no claro que no. Ya veremos.

Permítanme quedarme en España que últimamente en materia literaria y dentro del género que nos compete, se ha puesto las polleras y las lleva bien puestas.
La trilogía “El silencio de la ciudad blanca” realmente me atrapó al punto de devorar una tras otra las tres historias que la integran. Eva García Sáenz de Urturi, sabe cómo hacer que un lector se involucre con la pesquisa y sobre todo con el personaje principal que en este caso también es una mujer. A caballo entre la mitología y las leyendas de Álava, la arqueología y los secretos de familia. En sus historias, la psicología criminal ocupa un lugar destacadísimo, pero ojo, no solo el criminal nos invita a desentrañar los misterios de una psiquis enferma sino que la propia protagonista se verá involucrada psicológicamente en una maraña de sensaciones que la llevan irremediablemente a desentrañar el misterio desde lo policial pero también desde lo personal. Psicología bien aplicada y bien dosificada, una lectura sin desperdicio.

Tomemos ahora el primer vuelo directo a la península Escandinava y aterricemos en Suecia. Los suecos en materia de policiales son de armas tomar. Podría citar una larga lista de mis preferidos pero me quedaré con la pollera puesta.
La escritora sueca Camilla Läckberg, sigue afianzando su trono en el reinado europeo de la novela negra desde el 2002 donde irrumpe con su primera novela “La princesa de hielo”, novela que al principio ninguna editorial estaba interesada en publicar, obligando a la autora a decidirse por la auto-publicación y que rápidamente la novela se transforma en éxito de ventas, llamando, ahora sí, la atención de las grandes Editoriales publicadoras. La temática de sus libros parte siempre de un asesinato, y durante su investigación van surgiendo los secretos y miserias de sus protagonistas, habitantes de Fjällbacka, una pequeña ciudad de la costa occidental sueca.
La universalidad de los temas tratados y de los personajes logra la rápida identificación con el lector. Más allá de utilizar clichés de la novela policiaca, como la inabarcable inteligencia puntillista de los inspectores o la oscura psicología de los asesinos, Läckberg puebla sus historias de personajes creíbles: “Gente normal y corriente que tienes a tu alrededor y con la que te puedes encontrar todos los días”, afirma la autora y eso no es ni más ni menos que estudiar su alrededor y con la mochila llena de caracteres diferentes, acometer el viaje de adentrarse en la psicología de los personajes que poblarán sus historias. En el hilo argumental de sus novelas se introducen elementos propios de la literatura femenina con una amplia relevancia de las sub tramas amorosas y lo que es más importante, de los problemas familiares y sociales de puertas adentro como la violencia de género, el acoso infantil o el alcoholismo. Esta receta ya utilizada por otras autoras contemporáneas referentes de la novela negra, como Asa Larsson o Mari Jungstedt, entra de lleno en la intimidad de las sociedades nórdicas y desmonta la moralizante imagen de un país en la delantera de los derechos sociales. “La gente se da cuenta ahora de que los suecos tenemos los mismo problemas que el resto de la humanidad. Precisamente por eso creo que nuestras novelas detectivescas han tenido tanto éxito”, afirma Läckberg. Sociología que no es ni más ni menos que psicología de masas, aplicada en estas historias a personajes claves que nos permiten vivir las historias desde el interior de ellos mismos.

De Suecia los invito a cruzar el Atlántico para aterrizar en Estados Unidos porque si comencé el viaje con la reina del policial británica, no puedo menos que cerrarlo con la reina del policial estadounidense: Patricia Highsmith, maestra del género negro y el suspense, dueña de una penetración psicológica inquietante que logra sacar a la luz la penumbra de personajes comunes y anodinos, una escritora con recursos visuales para sugerir paisajes interiores y mentales.
Para no extenderme y como para muestra basta un botón solo mencionaré que en 1950 publicó su primera novela, “Extraños en un tren”, que despertaría el interés de Alfred Hitchcock para llevarla al cine con guion, nada menos que de Raymond Chandler. Un policial sin duda, un policial de suspenso donde el perfil de los personajes (su psicología) es el condimento esencial que atrapa al lector de todas las épocas.
No puedo dejar de mencionar la serie de Mr. Ripley un personaje que despierta asombro y empatía a pesar de ser un impostor que no se detiene ante nada. Por contradictorio que parezca, deseamos que no sea atrapado. Nos hacemos cómplices porque, criminales en potencia, su salvación o redención de algún modo es también la nuestra. Y entonces muy queridos míos lo que hace Highsmith es trabajar no solo sobre la psicología del personaje sino sobre la nuestra: los lectores.

Pero el manejo de la psicología de los personajes en el género policial no es privativa de las mujeres, lo justo es justo, porque como al principio, sigo afirmando que: no me gusta hablar de escritura de mujeres o escritura de hombres.
En honor a la realidad entonces: John Katzenbach, Joël Dicker, Stieg Larsson, Thomas Harris, también apelan al perfil más oscuro de sus personajes y para eso han buceado en la psicología de esos personajes que nos han hecho estremecer.

No comulgo con categorizaciones. La escritura es la escritura y punto. Sin embargo, debajo de las polleras del policial siempre encontraremos el alma femenina, un alma maternal si se quiere, un alma que en definitiva no puede negarse (aunque de un enigma se trate) a desnudar el alma de sus personajes, buenos y malos, a acariciar la esencia de ese personaje que nos mantendrá en vilo desde el bien o desde el mal, temblando de miedo o sufriendo con sus penas. En definitiva comprendiendo el perfil psicológico de esos seres de papel que por un ratito sentimos de carne y hueso.


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