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Literatura versus Cine

Se suele decir que cine y literatura, dos lenguajes que pueden ser narrativos, son muy diferentes y que el cineasta, como cualquier lector, interpreta y reelabora la obra literaria que llega a sus manos, lo que pocas veces satisface al escritor.
El cine y la literatura tienen códigos diferentes, ritmo y tempo muchas veces opuestos. No siempre las películas complacen al lector incapaz de olvidar la trama y el argumento enteros de un libro que les ha impactado. Sin embargo hay excepciones como “El cartero siempre llama dos veces”, con Jack Nicholson y Jessica Lange, es extraordinariamente fiel a la novela de James Cain.
Casi todas las novelas de John Irving dan lugar a películas excelentes. Recuerdo ahora “Príncipes de Maine” que es el nombre del libro y cuya versión cinematográfica es conocida como “Las reglas de la vida” con la excelente actuación de Michel Cain. Lo mismo sucede con “Una mujer difícil” protagonizada por Jeff Bridges y Kim Basinger, el film lleva por título en inglés “The Door in the Floor”, “La puerta en el suelo”, que no sigue al pie de la letra un argumento por demás complicado para poner en imágenes en no más de hora media, sin embargo su director Tod Williams toma parte de la trama y la convierte en una obra maestra.
También podría citar a otros maestros a la hora de adaptar textos literarios por ejemplo a Steven Spielberg con una de sus películas más personales, “El imperio del sol” maravillosa adaptación de la novela de J.G. Ballard. Sin dejar de mencionar viejas pero no menos asombrosas películas tan impactantes como las historias encerradas entre dos tapas, tal es el caso de David Lean captando el romanticismo de “El doctor Zhivago” de Boris Pasternack o Sydney Pollack con “Lejos de África” basada en el libro de Isaac Dinesem “Memorias de África”, protagonizada por Robert Redford y Meryl Streep.

Pero como dije antes, el cine y la literatura comparten la narratología como método pero difieren en cuanto a recursos y herramientas. Por eso hay adaptaciones cinematográficas que algunos tildarían de malas películas. No creo que sea oportuno poner dentro de una misma caja unas y otras, menos cuando la palabra adaptación es la que está marcando esa diferencia entre lo que leemos y lo que observamos. Tal es el caso de “El resplandor” la película que comparte título con el libro de Stephen King y está protagonizada por un genio como Jack Nicholson en una de sus mejores interpretaciones. El propio King dijo que la película era horrenda y es verdad que su director: Stanley Kubrick se tomó algunas licencias pero cabe destacar que él mismo habla de una adaptación. Kubrick tomó la idea general del libro (una familia completamente aislada en un hotel) y cambió varios detalles de la historia, e incluso, le quitó algunos toques clave que existen dentro de la novela y el universo creado por King. Por ejemplo, en el libro, Jack Torrance (el protagonista) cae en cuenta de lo que está haciendo, y decide sacrificarse a diferencia de la película y su final. O bien, otros cambios drásticos están en el personaje de Wendy, una mujer que en la película de Kubrick, es sumisa y extraña, pero que en la novela es un personaje fuerte y con más dotes. Los lectores pueden sentirse defraudados si intentan, como lo hacemos todos los lectores, encontrarse con algo idéntico al libro. “El resplandor”, film y libro no son idénticos sin embargo la película es grandiosa.
“El perfume” de Patrick Süskind, un autor alemán muy conocido a pesar de que su vida literaria ha sido muy corta. En su libro narra la vida de Jean-Baptiste Grenouille, un hombre que a pesar de que tiene muy desarrollado el sentido del olfato, él no tiene olor, es inoloro, y está en la búsqueda del aroma perfecto, del olor que sea capaz de conquistar al mundo, y con ese objetivo se convierte en un asesino en serie de mujeres. Quienes hayan leído el libro no pueden dejar de recordar que por momentos, a medida que vamos pasando las páginas, los aromas se desprenden y vuelan, nos permiten incluso sentir esos olores tras los cuales el protagonista corre en busca del perfume perfecto. Esta historia fue llevada a la pantalla grande en 2006 por Tom Tykwer. Hay situaciones puntuales con las cuales los lectores quedan decepcionados. Por ejemplo al momento de presentar la relación de Grenouille (el protagonista) con el mundo y la verdadera importancia de los olores, estos se asocian a cosas intangibles como el amor y la propia existencia. En su versión escrita, y eso es lo maravilloso que se siente al leer el libro, el autor logra que respiremos incluso el aroma que posee el amor, el odio, la desesperación. Pero la película no lo logra. El libro nos hace compadecer e incluso perdonar al protagonista pero en la película falla la empatía que al final, sobre todo, sentimos hacia Grenouille.
“El código Da Vinci” de Dan Brown fue una de las novelas más leídas en el mundo gracias carisma del personaje principal de Robert Langdon, un profesor que tira por la borda el mejor secreto guardado no sólo de la religión católica (Iglesia), sino de la humanidad, y es la supuesta descendencia de Jesús en su unión con María Magdalena.
En su momento, el libro fue exitoso y tan apreciado como criticado. Aunque no estemos frente a una obra maestra del arte literario no podemos negar que su lectura nos garantiza horas de entretenimiento y desborde de acción e intriga. Sin embargo, la película aunque ha tratado de seguir al pie de la letra la línea argumental resultó sumamente aburrida a diferencia del gran ritmo de la novela y la forma tan interesante en que se iban develando las pistas. Claro que siempre podemos quedarnos con la impecable actuación de ‎Tom Hanks que no es el culpable de que el film ni siquiera haya sido una adaptación del libro y lo que es peor, no logra conmovernos y a duras penas alcanza a entretenernos.

Quizá la mayor fidelidad a los textos literarios se podría encontrar en las series televisivas, que por su dilatado metraje y su emisión en capítulos, suelen respetar las obras que adaptan, y me vienen a la memoria excelentes series de excelentes libros que han respetado a rajatabla el argumento de la novela en la cual se han basado.
Podría mencionar varios ejemplos. Entre ellos, “El tiempo entre costuras” la novela de María Dueñas cuya versión fílmica no defraudará a los lectores que se apasionaron con la historia escrita. Los personajes filmados son claros, dinámicos y siguen a pies juntillas el periplo de los personajes de papel. El contexto ha sido respetado e incluso explicado de manera que es imposible no centrarnos en la ápoca y las costumbres que la novela misma indica.
Otro tanto sucede con “Canción de hielo y fuego” de George R.R. Martin. Los 7 tomos de la novela se leen sin parar y están inspirados en la mitología,​ en la historia medieval, especialmente en la Guerra de las Dos Rosas. Es impecable el trabajo que realiza Martin que nos acerca la historia narrada en tercera persona a través de los ojos de varios personajes. Aunque “Hay personajes que no han aparecido en la pantalla u otros que murieron en la serie pero siguen vivos en los libros”, según remarca el novelista, la mini serie es un absoluto despliegue de técnicas de efectos especiales sin dejar de remarcar que los escenarios son asombrosamente únicos y superan con creces la imaginación de cualquier lector.

Película versus libro, no creo que haga falta establecer un escenario de luchas. Las adaptaciones pueden ser maravillosas aunque se alejen de la línea argumental de algunos libros que les han dado vida. Cuando un gran libro es llevado a la pantalla grande de manera excepcional, es decir, respetando los detalles importantes, siendo fiel a los personajes y su desarrollo, y explotando el recurso visual, si es fiel o no a la historia escrita, lo cierto es que si sales de ver una película suspirando y con ganas de volver a leer el libro cada uno ha hecho su parte del trabajo. El director con imágenes visuales, el escritor con otros recursos a su alcance. Lo importante es establecer esa diferencia entre uno y otro arte y juzgar a cada obra por separado. Y aunque a veces cueste olvidar el libro al ver la película o viceversa hay que adoptar la aptitud necesaria como críticos y valorar uno y otra desde concepciones distintas. Una película no es un libro y un libro nunca será una película. ¿Para qué, entonces, establecer luchas sin sentido?


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