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¿Lo sabías?

Que Corín Tellado fue la reina de la novela romántica quizás lo sabías. Que escribió alrededor de 5000 novelas quizás también lo sabías. Que fue la autora más vendida con un premio Guinness en esa área es vox populi (400 millones de ejemplares, por encima de Stephen King, Paulo Coelho o Tolkien). Además, en 1962 la Unesco la declaró la escritora española más leída después de Miguel de Cervantes. Sus obras fueron traducidas a 27 idiomas. ¿Qué más?

Sin embargo hay algunas cositas que quizás no sepas de la española color de rosa.
Sin eufemismos me remito a sus propias palabras: “Yo nunca he dicho ‘te amo’, ‘te quiero’, ‘vida mía’. Nunca estuve locamente enamorada”. ¡Caramba!, si no lo leo no lo creo, de cualquiera menos de la dama de la novela romántica que plagó de historias (empalagosas algunas) el comienzo de mis lecturas compulsivas de adolescente enamoradiza. Y eso no es todo, porque la mujer que por décadas enamoró con sus relatos a millones de lectores en el mundo también afirmó: “No he sufrido nunca ese amor ardiente y arrebatado”, “No me seducen las puestas de sol, ni las estrellas, ni la luna llena. Solo aparecen en mis novelas para que se emocionen otros. Soy una mujer realista”.
María del Socorro Tellado López, Corín Tellado para sus lectores, no solo dejaba con la boca abierta a las mujeres que soñaban con un amor imposible hecho realidad, también fue motivo de reflexión para el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa cuando afirmó: “No es impropio decir que Corín Tellado, la escribidora asturiana, fue probablemente el fenómeno sociocultural más notable que haya experimentado la lengua española desde el Siglo de Oro”.

Sin embargo y aunque se casó, contra todo pronóstico para los que hubiesen apostado por un vestido de encajes blancos como la espuma del mar, lo hizo vestida de negro.
La relación no fue duradera, “Él hubiera sido feliz con otra mujer, y yo lo hubiera sido con otro hombre, pero juntos éramos un fracaso como pareja. No teníamos nada en común”, lo cual indica que no vivió un romance como los que acostumbraba a hacernos vivir en sus historias. La situación no daba para más como cabe deducir, y la autora decidió separarse y quedarse con sus hijos. Él le mandó cientos de cartas que ella nunca leyó, los sobres permanecieron cerrados y el día que supo de su muerte, las quemó. “No me divorcié, simplemente, porque no tenía intención de volver a casarme. No me hacía ninguna falta un hombre”. Y no lo hacía por despecho hacia el género masculino, sino simplemente porque no estaba destinada a vivir una historia de amor que la hiciera palpitar, como palpitar nos ha hecho con tantísimas historias románticas que hubiésemos querido vivir.

Para desmitificar ese halo de magia que parece rodear a las escritoras de romances agrego un dato más de su vida tan parecida a la de muchas mujeres de su siglo. En 1946, la prematura muerte del padre sacudió a la familia, la mala situación económica obligó a Corín a escribir por necesidad. El librero de Cádiz, donde ella compraba sus libros, puso en contacto a Corín con Bruguera, editorial que estaba a la búsqueda de jóvenes autores. De esta manera consiguió publicar su primera novela, de cual ella afirmó: “El amor no era nada para mí cuando escribí mi primera novela –señaló la autora–. Allí le eché imaginación. Yo no sabía nada de hombres ni de amores. Pero desde aquel día nunca me faltó un sueldo”.
La mayoría de los autores escriben sobre lo que han vivido, sin embargo Corín Tellado llegó a afirmar: “…escribía como creía que debía ser la vida, y acerté”. Gracias a ella muchas creímos entender lo que era el amor, los besos, las caricias, más allá de sus personajes estereotipados, de hombros femeninos temblando de amor, besos apasionados, caricias que exacerbaban la imaginación, labios como puertas-vaivén, ojos maravillosamente ilusionados o perturbados, manos que acarician con suavidad (y eficacia), abrazos en que se funden y confunden los cuerpos.
Corín fue, en una época de mentes demasiado cerradas, la precursora de la literatura erótica que llegaría con el siguiente milenio, envuelta en la aparente asepsia de los eufemismos, los protagonistas de sus historias eran también seres envueltos por la pasión y la sensualidad se respiraba en cada párrafo.

Sus historias no se anquilosaron en el tiempo, hasta el momento de su muerte su literatura siguió evolucionado, reflejando la realidad social contemporánea, tratando temas como la independencia económica femenina, el maltrato, la infertilidad o la drogadicción.
No fue una heroína a la altura de sus heroínas de papel, sin embargo fue una campeona de la palabra y una triunfadora en lo suyo, simplemente porque nunca bajó los brazos y escribió hasta las vísperas de su muerte y, no sé si sabías, que por esos días dijo:

“He buscado en mi mente la motivación de este afán al trabajo y he de confesarme a mí misma que soy trabajadora de nacimiento, que me gusta lo que hago y que quiera Dios que lo siga haciendo hasta la víspera de mi muerte, o como suele decirse, que me permitan morir con las botas puestas”.

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