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Leer es viajar

Leer es quizás la primera forma de viajar. Lo hemos hecho desde nuestra más tierna infancia cuando aún no podíamos decidir adónde ir. Abrir un libro era volar lejos de casa y encontrarnos de golpe en la isla asiática de Borneo de la mano de Emilio Salgari en “Los tigres de la Malasia” o embarcados en una aventura para dar “La vuelta al mundo en 80 días” gracias a Julio Verne o en medio de la selva por obra y gracia de la pluma de Rudyard Kipling, los libros nos transportaban adonde quisiéramos.
Los libros siguen siendo nuestro pasaje de ida y vuelta a cualquier sitio, a otros países e incluso a otros mundos. Gracias a ellos tenemos un mapa mental de nuestros lugares favoritos en el mundo aunque nunca hayamos traspasado la frontera de nuestra ciudad natal. Los libros incluso nos permiten imaginar otros planetas, otros planos, todo es lícito a la hora de entrar en el juego de vivir por un ratito en ese mundo real o inventado por el autor de un libro.

Todo viaje es a la vez un desplazamiento geográfico y un soterrado tránsito interior. Y para todos aquellos que no podemos estar continuamente trasladándonos físicamente a lugares lejanos leer es viajar. Lo hacemos a través de las palabras, de la imaginación, de las líneas sobre el papel. Un libro nos empujó a conocer un lugar, otros nos acompañan en nuevos destinos y llegaran otros viajes a través del papel, viajes a los cuales ya no querremos resistirnos.
Lo explicó muy bien el poeta Juan Gelman en solamente 6 palabras: Leer es viajar por uno mismo.
Las novelas son libros que están pensados para hacernos viajar y conocer cualquier rincón del mundo pero no olvidemos que la ficción nace cuando el hombre viaja hacia su propio interior. Hacia afuera, hacia adentro, el viaje que cada libro nos propone tiene la magia que encierra el solo hecho de aceptar la propuesta.
Si aceptamos viajar a la India podemos hacerlo mediante “Pasaje a la India”. Esta novela es a la vez un documento histórico, una exposición filosófica y religiosa, y desde luego, una gran obra de arte, complicada y misteriosa. La amena pluma de E. M. Forster nos llevará a pasear por los lugares más exóticos de una India impactante cuya simbología nos atrapará desde los mismos paisajes descriptos con maestría y será a la vez una invitación hacia nuestro interior.
Y si desde el continente asiático, en un abrir y cerrar de tapas y contratapas, decidimos en vuelo rasante llegar hasta África, la recomendación obligada es “Memorias de África” de Isak Dinesen. Las descripciones sobre África y sus habitantes, los atardeceres en las sabanas, el contacto con la naturaleza y la permanente presencia de lo salvaje que no interfiere en la vida cotidiana sino que la completa es una de las delicias que hacen de este libro una excelente posibilidad de viajar sin movernos de casa.

Ya que Baldabiou así lo había decidido, Hervé Joncour volvió a partir hacia Japón el primer día de octubre. Cruzó la frontera cerca de Metz, atravesó Württemberg y Baviera, entró en Austria, llegó en tren a Viena y Budapest, para proseguir después hasta Kiev. Recorrió a caballo dos mil kilómetros de estepa rusa, superó los Urales, entró en Siberia, viajó durante cuarenta días hasta llegar al lago Baikal, al que la gente del lugar llamaba el demonio.

Así comienza esa joyita que es “Seda” y en compañía de Alessandro Baricco nos trasladamos al Japón pero también a otros sitios cuyos caminos inhóspitos solo nos atreveríamos a recorrer desde la comodidad y la seguridad de nuestro sillón favorito.
También la historia “Antes que anochezca” del aclamado autor Reinaldo Arenas, quien fue perseguido a causa de su homosexualidad en la Cuba de Castro, nos permite visitar una Cuba que fascina por el inigualable choque de culturas pero además por la descripción de esos escenarios que difícilmente podamos comprender en toda su magnitud con un viaje real.

Los libros son uno de los mejores transportes para viajar; o para descubrir rincones ocultos de ciudades que jamás alcanzaremos o de aquellos sitios que si tenemos la posibilidad de visitar y volvamos a descubrir con los ojos de viajeros que han dejado plasmados en sus libros la impronta de sitios enigmáticos. Los libros de viaje no son novelas sino que son verdaderos diarios de viajeros que nos acercan rincones ocultos, por ejemplo de España como “Barcelona, espacios singulares”, una obra escrita por el arquitecto Josep Maria Montaner con la antropóloga Isabel Aparici, y con las impactantes fotografías de Pepe Navarro.
Los diarios de viajeros son un aliado imprescindible a la hora de despegar vuelo desde nuestra biblioteca. Tal es el caso de “El árbol del viajero” de Patrick Leigh Fermor quien con un fino sentido del humor y un interés genuino por todo lo nuevo, nos relata la experiencia de su odisea personal por el Caribe en la década de 1940. Fermor recorre la larga cadena de islas antillanas (Guadalupe, Martinica, Dominica, Barbados, Trinidad y Tobago, Haití y Jamaica, entre otras) en un barco de vapor, en avión y a pie, tomando nota de los detalles más pintorescos de la vida cotidiana, del paisaje y de las costumbres de los habitantes. Un apasionante viaje por el paraíso en la tierra.
Si por alguna razón te atreves a llegar hasta el Polo sur, nadie te lo impide. El continente antártico y sus mares circundantes constituyen un lugar excepcional en el mundo dedicado a la ciencia y a la conservación y a ellos se dedica el libro “Antártida. Ciencia y aventura en los confines del mundo” de Leopoldo García Sancho, doctor en Biología por la Universidad Complutense de Madrid, con 16 expediciones a la Antártida en su haber.
Otro libro que se ha convertido en clásico de la literatura de viajes es “Una mujer en la noche polar”, que narra el viaje que emprendió en 1934 Christiane Ritter desde Hamburgo hasta la isla ártica de Spitsbergen, donde pasaría un año con su marido, aislados y en condiciones extremas.

Desde la ficción o desde la realidad, un libro suele ser el mejor medio de transporte para viajar. Un buen libro de viaje o una novela suelen ser esa invitación que no podemos declinar. Viajar es la mejor manifestación de la curiosidad humana, es emoción y reflexión, análisis y comparación, porque los viajes siempre son de alguna forma comparaciones. Para viajar lejos no hay mejor nave que un libro, dijo alguna vez Emily Dickinson. Averiguar qué se esconde tras el siguiente recodo del camino es sencillo, poco costoso y apasionante.

Podemos hacerlo ya mismo, después de haber leído este artículo solo tienes que abrir las tapas de ese libro que te espera en el anaquel de tu biblioteca y empezar a caminar, a navegar, a volar, a viajar.


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