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Día del Libro

El 23 de abril de 1616 fue un día donde tres grandes de las letras se dieron la mano y decidieron emprender el camino de la inmortalidad. Conocedores o no de que la posteridad ensalzaría sus obras y las leería 400 años después, estos tres grandes son creadores de un estilo, de un corpus literario, de una forma de encarar la literatura que cuando menos es la base de nuestra bibliografía presente y lo será de la futura. Gracias a estos magos de las letras hoy leemos lo que leemos, hoy descartamos lo que no es literatura, hoy somos lo que somos como escritores y sobre todo como lectores.
Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega murieron un 23 de abril y como si su legado fuera poco extendemos la magia de las palabras a cientos, a miles de autores que los sucedieron y a los cientos, a los miles de libros que después de ellos llegaron y a los que seguirán llegando.
En honor a esos tres grandes y a quienes siguieron el camino de las palabras es que festejamos en todo el mundo el Día del libro.
Y es que al parecer, el 23 de abril es una fecha mágica (o una fecha libresca) porque también coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores destacados como Maurice Druon, Haldor K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo.
Es por eso que cada año, la Unesco y la Unión Internacional de Editores, la Federación Internacional de Libreros y la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias seleccionan una capital mundial del libro. Este año (2021), la ciudad designada es Tiflis, Georgia.

La idea original de la celebración del Día del Libro partió de Cataluña, del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, proponiéndola a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona en 1923 y aprobada por el rey Alfonso XIII de España en 1926. La publicación de novedades y la organización de actos de firmas de ejemplares con los autores en esa fecha es una tradición que ha llegado hasta nuestros días.
En 1995 hubo otra iniciativa que salió de la Conferencia General de la UNESCO, en París, donde se determinó declarar el 23 de abril como «Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor», ahora conocido como Día Internacional del Libro.
La ciudad emblemática de este festejo es Cataluña. Allí la tradición de la Fiesta del Día del Libro, se vive en cada rincón y sobre todo en la Rambla de Catalunya en Barcelona donde florecen miles de puestos de libreros y floristas que envuelven la ciudad de cultura a través de los libros y las emblemáticas rosas rojas. Al festejo se unen las asociaciones, instituciones, bibliotecas, escritores de todo el mundo firmando sus obras, ilustradores, medios de comunicación, etc. Pero también en Ciudad de México, Caracas, Bogotá, Santiago, Valencia, La Victoria, Buenos Aires, Maracaibo, Barquisimeto, Quito, Managua, Maracay, New York, Los Ángeles, Medellín, Ciudad de Guatemala, Valparaíso y muchas ciudades europeas, americanas, asiáticas, africanas, incluso en Vietnam se celebra el Día del libro a escala nacional.

El mejor homenaje que podemos rendirle a ese amigo fiel que siempre está dispuesto a acompañarnos es: entrar a ese extraordinario mundo impreso, perdernos en las llanuras de palabras, navegar océanos de letras, imaginar sonidos, olores, paisajes, transformar las frases en imágenes y volar surcando un aire distinto al aire que respiramos día a día, ser libres y conscientes de que esos mundos serán parte de nosotros mismos para siempre.

El mejor homenaje que podemos rendirle al libro es simple: leer.



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