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Un cuaderno como bandera

Sus obras tienen mucho de autobiografía y se inspiran a menudo en su experiencia africana, su infancia y sus desengaños vitales, sociales y políticos. El feminismo, el comunismo, el pacifismo y una firme postura anticolonialista son los temas plasmados en sus novelas. Centrada en los conflictos culturales, las flagrantes injusticias de la desigualdad racial, la contradicción entre la conciencia individual y el bien común, sus historias se nos hacen tan cercanas como actuales a pesar de los años que van transcurriendo. La vida de Doris Lessing, como la vida de muchos escritores, es la fuente donde abrevan sus más de medio centenar de novelas y un gran número de relatos cortos, su incursión en géneros tan disímiles como el teatro, la lírica, el ensayo, la biografía y el libreto de ópera, que la hicieron merecedora del Premio Nobel de literatura en el año 2007.

Nació en Irán y a partir de los seis años y hasta los treinta, su vida se desarrolla, y su carácter se moldea en el África colonial británica. Fue una rebelde por naturaleza y vivió en constante lucha con los patrones de su época que su madre intentó inculcarle desde niña. Su destino y su clase social alta, parecían llevarla a convertirse una dama eduardiana, de esas que viven pendientes de la moda, del status y de la única salida viable para mantener ese estilo de vida acomodado que era conseguir un buen partido y casarse, la mayoría de las veces sin amor.

Incapaz de sostener ese tren de vida y deseando huir del autoritarismo, Doris abandonó sus estudios en una escuela de monjas católicas, a los catorce años, y al cumplir los quince se fue de casa y trabajó como niñera. Más tarde trabajó en varios empleos y a los diecinueve años se casó con Frank Charles Wisdom con quien tuvo dos hijos, John y Jean; se divorció en 1943. Se formó como autodidacta y se unió a un grupo de ideas comunistas. En 1944 se casó con Gottfried Lessing, un exiliado judío alemán que había conocido en un grupo literario marxista y tuvo a su tercer hijo, Peter. Agobiada por sus inquietudes intelectuales y literarias y sobrepasada por el trabajo de ser esposa y madre, se divorció otra vez y se trasladó al Reino Unido con su hijo pequeño, dejando en Sudáfrica con su padre a los mayores, pues, según indicó años después, no quería desperdiciarse siendo solamente madre.

“Canta la hierba” es su primera novela que data de 1950. La historia se centra en la segregación racial de la época y la forma en que las mujeres encaminaban su vida hacia el matrimonio.
Años después vendría su gran éxito, la novela feminista “El cuaderno dorado”, de 1962, cuya estructura se presenta también como innovadora. Conocemos la historia de la escritora Anna Wulf, por medio de los cuatro cuadernos en los que ella documenta su vida, el quinto cuaderno, de color dorado, intenta aglutinar esas experiencias en un corolario arrollador de grandeza, de sufrimiento, de dolor, pero sobre todo de resiliencia. El libro entremezcla segmentos de una narrativa ostensiblemente realista de las vidas de Molly y Anna, y sus niños, ex maridos y amantes, esos segmentos se presentan bajo el subtítulo de Mujeres libres entre medio de otros extractos de los cuatro cuadernos de Anna, respectivamente coloreados de negro cuando habla sobre la experiencia de Anna en Rodesia del Sur antes y durante la segunda guerra mundial, de rojo cuando narra en la voz de los protagonistas, su propia experiencia como miembro de Partido Comunista, de amarillo que es una novela en desarrollo que se está escribiendo basada en el doloroso final de la propia historia de amor de Anna, y de azul que es el diario personal de Anna en el que ella escribe sus recuerdos, sus sueños y su vida emocional. Los episodios de Mujeres libres interactúan con cada uno de los cuadernos creando un estilo de escritura posmoderna complejo que involucra a los lectores, que se sienten transportados a cada uno de esos álgidos momentos en la vida de la protagonista que no es sino un alter ego de la propia Doris.
A pesar del enfrentamiento constante entre Doris Lessing y su madre que, como he dicho, intentaba reprimir su espíritu rebelde y someterla a los preceptos de su época, a pesar de esa rebelión acallada desde el seno materno contra el establishment social y sobre todo contra el estado de sometimiento de la mujer, Doris reconoce haber heredado de su madre la fuerza innata de la mujer, de todas las mujeres, esa fuerza que le permitió convertirse en la primera abanderada feminista de su época. Su fortaleza, sin lugar a dudas se debe a toda la crudeza que experimentó en sus años de crecimiento: “Hay en mí una dureza y un rigor que seguro vienen de mi madre. Y me alegro, porque ciertamente era una mujer muy resistente”, expresó.
“El cuaderno dorado” representa la lucha de las mujeres por los conflictos del trabajo, el sexo, el amor, la maternidad y la política, en una época en que todas esas luchas acababan de empezar y eran casi como una batalla contra los molinos de viento. Con “El cuaderno dorado” como bandera, Doris Lessing fue pionera del planteamiento feminista, no como esa especie de religión que hoy en día pretenden imponernos, no como una lucha por igualarnos al hombre del cual muchos motivos nos separan y otros tantos nos acercan. Doris Lessing, enarboló un cuaderno dorado donde nos enseña que cualquiera de nosotras puede convertirse en una feroz defensora de la igualdad de las diferencias. Las mujeres somos, en cuanto a calidad de seres humanos, iguales a los hombres, pero tenemos (y debemos defender) esas sutiles diferencias que nos hacen distintas, nunca mejores y menos aún inferiores



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