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Bestias somos todos

Leemos para interpretar el mundo. Leemos a veces para interpretar un mundo que nos parece ajeno. Leemos para insertarnos en un mundo hostil, para adquirir las herramientas que se necesitan para sobrellevar situaciones desagradables. Leemos para entender lo inentendible. Leemos, y digamos que casi siempre lo hacemos pensándonos desde nuestro mundo tangible. Pero, justamente porque leemos, sabemos que hay otros mundos o más bien otra concepción del mundo que puede ayudarnos a sobrellevar este mundo real en que vivimos. Leemos literatura fantástica para entender lo que podemos ser, leemos ciencia ficción para percibir lo que podríamos llegar a ser, nos retrotraemos en el tiempo y leemos novelas históricas para aceptar lo que fuimos y soportar lo que inevitablemente habremos de repetir en ese devenir cíclico que es la humanidad.
Sin embargo, no se trata de lo ajeno sino de la interpretación personal de lo leído y sobre todo de la repercusión de esa lectura, el legado y la perdurabilidad del texto en nuestra conciencia lectora, la incontestable verdad de que nunca seremos los mismos al concluir la lectura de un libro, sea cual fuere.

Pensados como literatura que plantea la relación entre lo lejano y lo cercano, entre la realidad material y la realidad psicológica, nacen los libros categorizados bajo la denominación de Bestiarios. A los Bestiarios contemporáneos me refiero, pero ¿Estos Bestiarios son pura imaginación de mentes creativas como las de Arreola, Borges o Cortázar?, para citar solo algunos de los bestiarios modernos más conocidos. No.

Habrá que comenzar por lo general, precisando lo que se entiende por Bestiario. La pregunta es inevitable, ¿qué es un bestiario? La primera y más simple acepción es la de: “libro de bestias, manual compilatorio de animales”. Nace con la literatura medieval, y hace referencia a una colección de relatos, descripciones e imágenes de animales reales o fantásticos. Es relevante mencionar que, durante la Edad Media, el bestiario era una guía para conocer los peligros de quienes emprendían un viaje, especialmente por el desconocimiento de las criaturas que pudieran acechar en los siempre peligrosos bosques, lugar de acontecimientos inesperados y peligrosos o en los mares y océanos, inexplorados hasta entonces y donde se pensaba que acechaban seres realmente bestiales.
Más cerca de nuestros días, podemos decir que los libros recopilatorios de mitos sobre América también pueden considerarse bestiarios porque cumplen la función de señalar, o al menos insinuar, la existencia de seres más propios de una leyenda como La Patasola, Madremonte, el Chupacabras, etc.
Podría decirse que el bestiario es un libro de zoología simbólica cuyo mecanismo es la alegoría. Opera por medio de la figuración animal de la cual se abstrae una idea inmaterial de cualidad o defecto, lo importante no es la criatura expuesta sino el símbolo de lo que representa. . Lo vemos claramente en el siguiente ejemplo extraído del Bestiario Medieval: “El cisne es todo blanco por fuera, y todo negro por dentro. A menudo, canta antes de morir. Lo mismo hacen con frecuencia muchas gentes.”

Con un sentido nacido sin duda de la lectura de ese tipo de literatura nace El libro de los seres imaginarios (originalmente publicado como Manual de zoología fantástica) de Jorge Luis Borges. Este verdadero Bestiario, según Borges mismo se encarga de explicarnos, está formado por seres extraños que han surgido de la invención humana y que bajo un nombre u otro encontramos en diversas culturas que comparten ideas recurrentes y muy similares sobre determinadas criaturas imaginarias, muy probablemente porque estas suelen ser producto de sueños, deseos y miedos que hemos compartido desde el inicio de nuestra existencia. Y así, vamos lentamente acercándonos a la idea intrínseca de lo que un Bestiario moderno significa.

Porque un Bestiario no es para tomárselo a la ligera.

Saltando varios siglos desde el Bestiario Medieval anteriormente citado, son innumerables las obras literarias que de una manera u otra hacen uso de figuras de animales, ya sea para establecer comparaciones o renovar mitos, fábulas, tradiciones y leyendas. Algunos de estos “Bestiarios modernos”, por llamarlos de algún modo, tienen similares características a las de sus predecesores y una finalidad determinada que dista en mucho la de advertir sobre el peligro de verdaderos seres monstruosos que pudieran acecharnos si nos adentramos en un bosque o si nos hacemos a la mar. Sin embargo y como allende los tiempos, estos Bestiarios modernos tienen una finalidad análoga: la de advertirnos de esos monstruos que nos acechan y que no están a la vuelta de la esquina sino dentro nuestro.
Porque la literatura se ha nutrido siempre de símbolos y porque los símbolos no son sino una representación de nuestros miedos, fantasías y experiencias más íntimas, y porque los símbolos en literatura son el alimento de muchas historias es que, aún sin proponérselo, muchos autores han realizado una analogía de aquellos remotos y primeros Bestiarios.
En cualquier caso, los animales de papel y tinta, los animales literarios construidos con palabras, ocupan un lugar destacado y muestran la importancia de la relación del ser humano con la naturaleza, y más específicamente, su pertenencia al reino animal, en el que a través de la descripción del comportamiento de otras especies, se descubre a sí mismo.

La fábula es quizás un pariente muy cercano de aquellos Bestiarios, no tanto en cuanto a intencionalidad, aunque sí en cuanto al mecanismo de mostrar por medio de animales (reales o imaginarios) nuestra idiosincrasia animal. La fábula poseía la ventaja de centrarse en un mundo real y por medio de un ejemplo inventado y conveniente a las necesidades del momento servía para convencer en una discusión política, jurídica o pedagógica.
La ficción, ¿o deberíamos decir la mentira literaria? paradójicamente revela profundas verdades y así lo entendieron muchos escritores de diversas civilizaciones con más de 2500 años de antigüedad. Las fábulas demuestran que el conocimiento o reconocimiento del ser humano que aportan los animales literarios sigue siendo un recurso interesante y práctico.
Lo cierto es que los animales formaron parte de la literatura y seguirán funcionando como símbolos necesarios para entender porque somos como somos.

A las pruebas me remito con ejemplos de bestiarios modernos como el de Juan Rulfo en su libro de cuentos El llano en llamas. Los animales que aparecen en sus cuentos, no son solamente parte del escenario natural donde transcurren las historias, sino que en muchas ocasiones establecen una relación simbólica con los personajes de cada cuento. Así, los animales domésticos se emparentan con la parte benévola de los personajes y los animales como las ranas o los sapos son símbolos de personalidades desagradables.
Tigres vagando por la casa, conejos nacidos de una boca humana, peces que se apoderan de nuestra cara y hasta la trasmutación de un hombre en un axolotl o viceversa son parte de los bestiarios modernos. Y es que con Cortázar todo puede ser. Para el autor del libro de cuentos Bestiario, los animales en sus historias son un desafío al orden lógico, son necesarios y explicativos de un mundo que puede ser el real, pero también un mundo que somos incapaces de entender y que por eso nos negamos a ver. En su mundo mítico-fantástico-mágico es natural que un hombre vomite conejitos o una familia tenga un tigre en su casa. Es normal y hasta necesario para explicar su otra mirada sobre el ser humano y la supuesta realidad en la que dice vivir. Así entonces podemos comprender a los conejitos no como una alucinación paranoica sino como el símbolo de la fuerza creadora.

Había una vez un dragón alado que acechaba al navegante de mares inexplorados y el Bestiario medieval los ayudaba a enfrentar ese miedo. Hay ahora desde la mirada de Juan José Arreola una jirafa que muestra nuestras debilidades de espíritu buscando en las alturas lo que tenemos al ras del suelo. Hay ahora en el Bestiario de Cortázar, un tigre que representa los más bajos instintos del género humano, un tigre que no acecha en una lejana selva, un tigre que está dentro nuestro, que somos nosotros mismos.

Y es que Bestias somos todos aunque pocos lo reconocemos.


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