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El hábito hace al monje

Recuerdas cuál fue el primer libro que te leyeron? ¿Recuerdas cuál fue el primero que tus ojos vacilantes recorrieron desde el principio hasta el fin? Qué libro reposa en tu mesa de luz, cuál viaja contigo en tu bolso. Entramos en una librería y salimos con un libro en la mano, o descargamos un ebook nuevo, ese tesoro que nos cautivó y quizás otros que el azar puso en nuestro camino. ¿Es el azar lo que hace que elijamos nuestras lecturas? ¿Por azar elegimos los libros que vamos a regalar? Cada cual tendrá sus propias respuestas, lo cierto es que los libros no son del todo inocentes cuando se trata de revelar el lector que se esconde detrás de ellos.
Los libros que leemos nos forman, nos moldean y a la larga nos representan. La lectura hace al lector y por supuesto también habla y dice mucho sobre esa persona de carne y hueso que se sumerge en las páginas de un libro que no puede abandonar. El hábito (libro) hace al monje (lector).

Cuando queremos conocer a una persona, cuando recién empezamos a entablar una relación es inevitable el cuestionario: ¿Qué te gusta comer? ¿Qué tipo de música escuchas? ¿Cuál es tu película favorita? Y por supuesto, ¿qué lees?
Como todo, en materia de gustos no hay nada escrito y tampoco nada determinante, todo es relativo, pero los libros que uno lee no dejan de ser una señal del monje (lector) que eres y habla mucho de ti como ser humano. Antes de juzgar o de encasillar a una persona por el contexto en que vive, por las amistades de que se rodea, por su vestimenta, por su corte de pelo, etc., creo que la mejor presentación es su nivel de cultura, y aquí quiero dejar en claro que cultura no es sinónimo de posición social ni de estudios cursados, sino de capacidad, la capacidad de atender, de estar atentos o no atentos, porque el que atiende, entiende y el que entiende, aprende y el que aprende puede incluso ser feliz.
Y de eso se trata tener un libro entre las manos porque parafraseando a Borges les recuerdo una bella frase suya: “La lectura debe ser una de las formas de felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”.
Lo cierto es que, como dijo Nicolás Avellaneda: “Cuando oigo que una persona tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de ella”, sin discriminar estilos o preferencias. Por eso la siguiente clasificación no pretende encasillar a nadie, sino servirnos de guía para no prejuzgar sin antes conocer al monje (lector = ser humano) que habita bajo un determinado hábito (libro).

1- Los lectores equilibristas

Son aquellos que buscan el equilibrio entre el adentro y el afuera y para eso leen libros de superación personal o desarrollo humano como, El monje que vendió su Ferrari, El Alquimista, El caballero de la armadura oxidada, Quién se ha llevado mi queso, etc., etc.
Por lo general suelen mostrarse alegres, positivos, motivadores, aunque por dentro suelen sufrir de un completo sentimiento de vacío. Leer para ellos es como buscar ese equilibrio perfecto que la existencia parece negarles.

2 – Los lectores fashion

Hay persona devotas de todo lo que dicta la moda: indumentario, comidas, lugares de esparcimiento, sí o sí tienen que estar a la moda en materia de lectura también. No son snobs, solo que necesitan parecer bien informados. Para ellos existe esa serie de libros que con el tiempo caen en la vacuidad, y sin embargo, cuando son novedad venden millones de ejemplares y son materia de conversación segura, y asegura a quien los lee estar actualizado. Esos libros acompañan a aquellos lectores que en realidad necesitan un tema de conversación que los muestre informados, suelen leer una trilogía entera y son súper fans del autor más vendido hasta que este deja de ser best seller y aparece el siguiente súper ventas. Títulos que lo definen: Las 50 sombras de Grey, la Saga de Crepúsculo, El Código Da Vinci, cualquier libro de Guillaume Musso, Michel Bussi, Megan Maxell, etc.

3 – Los lectores devoradores

Como en toda sociedad de consumo esta aquel que simplemente devora, en este caso el devorador de libros. Los kioscos de las terminales aéreas o de trenes o de micros están allí para ellos, son aquellos que leen lo que sea, porque tienen el hábito, la necesidad de leer para ellos es como beber o comer y les acerca un momento de relax, de evasión. Adquieren aquellos libros típicos que están apilados en las bandejas de las librerías. No buscan un best-seller ni un clásico literario, solo buscan devorar. Suelen ser personas muy activas, trabajadoras y muy ocupadas, por ello leer es su momento de tranquilidad personal. Algunos autores clásicos de este tipo de lectores: Tom Clancy, Stephen King, Danielle Steel, James Ellroy, Anna Rice, Mary Higgins Clark, Patricia Highsmith, Henning Mankell.
Y a medida que hilamos fino acerca de las razones para leer, a medida que ciertos lectores que ya han pasado por los estadios anteriores van atendiendo y entendiendo que leer no es solo una moda ni una necesidad fisiológica, aparece otro tipo de lector.

4 – El lector exigente

Son aquellos que quieren algo más de lo que ofrecen las tres categorías anteriores. Este tipo de lector se sitúa en un punto intermedio, evolutivo como lector. En esta categoría está el lector que seguramente leyó algo realmente bueno, y entonces decide si vuelve a niveles anteriores o sube un escalón más. Podría decirse que este es un lector consumado, a un paso de un nivel intelectual superior. Los títulos: La Trilogía del Señor de los Anillos (incluye haberse leído El Hobbit y El Simarillion), la Saga completa de Harry Potter, y seguramente habrá tentado suerte con Almudena Grandes o Julia Navarro.

Si descubres al siguiente tipo de lector estarás frente al “intelectual”. Su lectura no se conforma con cualquier cosa, cuando entra en una librería busca autores y no best-sellers, selecciona y sin embargo para él la lectura no deja de ser una pasión pero a su vez se nutre, crece como intelectual, pertenece a esa rara avis mitad devorador, mitad selectivo, un lector que cuida los autores con los cuales se relaciona. En la vida real puede que adquiera la misma manía superadora y son esas persona que siempre están buscando un nuevo desafío.
Y llegamos a la última clase, aquella que ocupan esos monjes (lectores) que hacen del hábito (libro) una vía de conocimiento del mundo, de la humanidad, sus pilares son la filosofía y la historia.

5 – Lectores intelectuales

Ellos leen a Borges, no por esnobismo sino porque realmente lo entienden y se pierden en medio de los clásicos como Shakespeare, Dostoyevski, Tolstói, literatura griega en general, y además no se aburren. Estos lectores se expresan correctamente y con criterio, suelen escribir bien y aunque algunos se escuden detrás del ostracismo, de la incomprensión general, son seres decididamente dispuestos a que todos alcancen ese nivel de intelecto y sobre todo que disfruten como ellos. Estos lectores, a pesar de lo que la mayoría piensa, también disfrutan. Si te topas con alguien que intenta hacerte comprender las ventajas de leer a los clásicos o de volver a las fuentes de literatura leyendo a los griegos, no creas que están siendo presumidos, solo intentan elevar tu intelecto a los límites que ellos mismos alcanzaron o están en vías de alcanzar.

Sabrás ahora que en tu próximo cuestionario, cuando quieras conocer a alguien, también podés incluir las lecturas. Y ten en cuenta que no importa si elegimos buenos o malos libros, buenos o malos autores, si leemos solo un best-seller (que no tiene por qué ser un mal libro) o decenas de libros clásicos. Lo que importa es que le demos lugar a la lectura; es mediante ella y la elección de lo que leemos el modo en que vamos conociéndonos a nosotros mismos, que no es ni más ni menos el hábito con que vestimos nuestra esencia, esa que se puede ver más allá de nuestro contexto, de nuestra forma de vestir o de las amistades que nos rodean.

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