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La inspiración del escritor

El cuerpo se relaja, una falsa euforia acerca una realidad menos dolorosa, un placentero hormigueo recorre el cuerpo, se centra en las manos. El opio.
Edgard Allan Poe necesitaba de los efectos del opio para escribir o al menos bajo los efectos de esa droga experimentaba sensaciones para luego, sobrio, trasmitir su mirada sobre una realidad difícil de interpretar y/o de aceptar.

La realidad se suaviza, los contornos se difuminan, todo parece menos dramático de lo que es cuando el alcohol entra en la sangre y borra los límites de lo real, bajo los efectos del whisky, del ron, del alcohol, todo parece más fácil de alcanzar, de decir, y si además escribir es parte de una realidad y una necesidad de decir, no se tarda en creer que una borrachera pueda simplificarlo.
William Faulkner fue un novelista, guionista de cine y poeta cuyas obras se centran en Mississippi, su lugar de nacimiento. Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1949, es uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Se ha hablado mucho del hecho de que Faulkner tuvo un serio problema de alcoholismo durante toda su vida, pero según reiteradas declaraciones, corroboradas por miembros de su familia, nos indican que no bebía mientras escribía.
Por supuesto que podemos afirmar ampliamente que ninguno de ellos utilizaba el alcohol o las drogas como método de escritura. Eran simplemente almas atormentadas que, como a cualquier mortal le puede pasar, bebían desmedidamente o consumían algún tipo de drogas, y que además escribían lo cual los hace visibles y eso puede hacernos caer en el estereotipo de que para ser escritor hay que ser forzosamente adicto a algo.

La verdadera adicción

La adicción del escritor es con la vida, los escritores son adictos a la vida y sus almas, sus corazones no son como los de cualquier mortal. Las adicciones en este caso son una válvula de escape. Y… no hace falta ser adicto a nada para alcanzar la excelencia.
La generación de los escritores que aprendieron a escribir bebiendo, por suerte, se ha extinguido y, con ella, otros falsos mitos que desde siempre han acompañado este oficio tan admirado, deseado e idealizado.

Francis Scott Fitzgerald admitía sin tapujos que no podía entender cómo algunos podían concebir, aunque solo fuera una sola frase, bajo el efecto de las drogas cuando para él el oficio requería litros de café, noches en vela y encierro.
Son muchos los profesionales de la escritura que coinciden en que, lejos de ser el producto de una buena dosis de whisky o de alguna sustancia inyectable, lo que el escritor necesita es una fulmínea inyección de inspiración, dejarse inspirar por las teclas de una máquina de escribir o de una computadora, por el olor de una hoja en blanco o la tinta. Pero además tengamos en cuenta que escribir requiere formación, disciplina, método y constancia.

Aprende de las lagartijas, decía Ray Bradbury. “Corre rápido y quédate inmóvil”,esta es la lección de las lagartijas según el escritor de ciencia-ficción. Al observar el movimiento de estos reptiles, el escritor aprende que la velocidad lo es todo. Cuanto más rápido se escribe, de menos tiempo se dispone para detenerse a pensar y si uno no se detiene a diseccionar el pensamiento, entonces la voz llegar a ser honesta y no se escribe algo impostado. Recomiendo la obra Zen en el arte de escribir.

Para ser escritor, insiste Haruki Murakami, es esencial que se mantenga la ilusión por dar rienda suelta a nuestro mundo interior, solo así nos sentiremos libres de expresarnos. Sin libertad, no habrá palabras capaces de captar la atención del lector, sino solo una aglomeración de signos sin emoción. Y la bebida o las drogas no otorgan libertad sino todo lo contrario.

Inspiración, método y técnica.

Una trilogía que parece simple de enunciar pero que en la práctica es difícil de alcanzar. Para Huxley, las drogas abren las puertas de la percepción y nos dan acceso a las antípodas de la mente, que no todas las personas alcanzan en un estado normal pero eso no es inspiración. Y volviendo a Murakami, la renovación, el cambio, y el constante movimiento son para él, fuentes de inspiración. Una vez Piotr Chaikovski dijo: La inspiración es un huésped que no visita de buena gana al perezoso. Picasso dijo más o menos lo mismo: Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando. Y muchos autores célebres entre ellos Gabriel García Márquez hicieron propio ese concepto con palabras similares. Consultado sobre esa magia que pareciera ser la inspiración el colombiano dijo: Inspiración es una palabra desprestigiada por los románticos. Yo no la concibo como un estado de gracia ni como un soplo divino, sino como una reconciliación con el tema a fuerza de tenacidad y dominio.

Método

Faulkner solía afirmar que: Un genio es un 1 % de inspiración y un 99 % de transpiración. Una frase que tomó de Thomas Edison.
Y para transpirar adecuadamente un escritor necesita método y el método es algo muy personal, muy particular. Para algunos puede ser una cuestión de disciplina: sentarse ocho horas frente a una pantalla y escribir, escribir, escribir. Para otros puede ser la escritura automática: escribir lo que te pase por la mente y en una segunda etapa organizar el material escrito.
Interrogado sobre un método de escritura César Aira dice: No creo en los métodos de escritura. Si hay una cosa que me ha enseñado el contacto con el mundo de los libros y de los escritores es que no se puede generalizar. Hay algunos que escriben más rápido o más lento. Otros que escriben más. Otros que escriben menos. A cada cual le conviene lo suyo. Y hasta creo que sería peligroso imitar el método de escritura de otro escritor porque puede no ser el que a uno le conviene. Ergo: Cada escritor debe encontrar su método de escritura, incluso el método que sirvió para escribir una novela puede que no sirva para escribir la siguiente. El método creo, es algo que se va acomodando a las diferentes etapas en la vida de un escritor, lo complicado es descubrirlo y lo más complicado aún es saber que no es una receta mágica.

Técnica

Y llegamos a la técnica, palabrita confusa cuando hablamos de escribir. Deberíamos diferenciar entre técnica para escribir o técnica de escritura.
La técnica de escritura es elegir un determinado punto de vista, usar frases largas o cortas, recurrir a las descripciones, a las metáforas, etc. Aquí también será cuestión de cada escritor echar mano de lo que mejor le sale o de lo que mejor se acomoda a su estilo o al género que ha elegido. La técnica en este sentido tiene estrecha relación con el estilo, que un escritor solo alcanzará puliendo sus escritos, buscando y encontrando su propia voz, cosa que no se logra de la noche a la mañana sino que es un largo camino a recorrer.
Sin embargo, la técnica que un escritor utiliza para despertar la inspiración, y que le servirá solo mediante un método de trabajo, es otra cosa. Se puede recurrir a las propias experiencias de vida, a las experiencias de otros como técnica para encontrar algo que decir.
Edward de Bono, escritor y psicólogo en su libro El pensamiento creativo, propone romper con lo rígido del pensamiento lógico para indagar en ideas más creativas que nos lleven por caminos insospechados. El binomio fantástico es una técnica creada por el escritor italiano Gianni Rodari para desarrollar y potenciar la creatividad al tratar de unir conceptos que no tienen una aparente conexión.

En palabras del propio Rodari: “Desarrollar una idea a partir de un binomio fantástico es un proceso que activa nuestra capacidad de asociación. Surge cuando intentamos unir de manera libre dos conceptos lejanos (jamás pueden pertenecer al mismo campo semántico), los cuales requieren nuestra atención, esfuerzo e ingenio para lograr establecer una relación entre ambos”.

El principio es sencillo: elegir un par de palabras, ideas o conceptos al azar, de distinta naturaleza y que no se relacionan de forma natural, y tratar de crear una historia que los conecte tratando de llevar al máximo nuestra capacidad de crear nuevas vías para la imaginación. En su libro Gramática de la fantasía encontrarás desarrollado esta técnica para despertar la inspiración y con método alcanzar tus metas.
El “Brainstorming” (lluvia de ideas) es una de las técnicas más utilizadas en la redacción publicitaria y se puede utilizar con buenos resultados para la escritura. Esta técnica se basa en generar una lluvia de ideas para la construcción de un argumento. Piensa en una historia y lanza cuantas ideas te vengan a la cabeza sobre cómo podría desarrollarse: diferentes personajes, desenlaces, escenarios e incluso estilo narrativo. Una parte esencial de este proceso es que no descartes ninguna idea ni la juzgues antes de tiempo, lo importante es dejar que la imaginación fluya sin límites y que la inspiración nos encuentre trabajando.

Y es que todo pareciera resumirse en la inspiración que no es algo etéreo, la inspiración no es otra cosa que un almacén de potenciales ideas que cada escritor tiene la obligación de nutrir constantemente. Cada almacén y el uso que se hace de él distingue un escritor de otro: constituye su seña de identidad.
Un paseo por el bosque, ver una obra de teatro o una película son citas obligatorias a partir de las cuales el escritor observa, reflexiona y recolecta emociones, sensaciones, informaciones para alimentar su creatividad. Se trata de un mensaje clave que indica cómo el escritor no es en absoluto un ser aislado de la realidad: vive en ella en constante contacto con las personas que encuentra y con las que habla; se nutre de lo que observa y captura su atención; se mantiene activo, despierto y atento.


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