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¿Conoces al “El Principito”?

Es prácticamente imposible encontrar alguien que no haya leído en algún momento de su vida “El Principito” de Antoine de Saint Exupéry. Afortunadamente esa historia llegó a mis manos en ese momento en que uno deja de ser niño pero tampoco es adulto y quizás por eso es que ha sido uno de los libros que más me han marcado. Claro que leerlo en su idioma de origen agregó un plus a las frases, a la magia de esas imágenes que el autor mismo dibujó. Si los libros tienen el poder de transformarnos, luego de “El Principito” he vuelto a entrar a cada libro con la certeza de que al cerrar la última página ya no volvería a ser la que era.

Y haciendo un balance de lecturas pasadas, llegan desde el recuerdo otros libros esclarecedores: “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll, “Charlie y la fábrica de chocolate” de Roald Dahl, “El mago de Oz”de Lyman Frank Baum, “Coraline” de Neil Gaiman y la lista sigue.

“El Principito” representa el niño que todos llevamos dentro y los sentimientos de amor, esperanza e inocencia que alimentan nuestra vida. Por supuesto que para que exista el blanco debe existir el negro, para que haya luz debe haber oscuridad y el principito prueba todas y cada una de esas posibilidades. Así nacen todos y cada uno de los personajes que conocemos de la mano de este pequeño gran hombrecito.

El rey que representa la autoridad, la ambición de poder y el deseo de someter a los demás a nuestros caprichos.

El borracho que representa a las personas que no actúan ante las dificultades. Representa la falta de fuerza de voluntad y superación humana.

El geógrafo hombre sabio, inteligente y estudioso que pasa todo el tiempo encerrado en su despacho, elaborando mapas; pero nunca deja su escritorio para explorar, para disfrutar de verdad la vida.

Y uno de mis preferidos, El zorro que le enseña a El Principito (nos enseña a todos) la necesidad que tenemos, como seres sociales, de relacionarnos y de tener alguien en quien confiar.

La rosa que simboliza el amor y la inocencia del Principito. La rosa no es una flor cualquiera, es su amor “el amor”. Es la metáfora de la mujer que ama y que se ha quedado para siempre en su corazón. Pero también es el dolor porque como decía anteriormente no hay blanco sin negro ni felicidad sin dolor y el amor te expone también a esa alternativa.

La serpiente representa la muerte. No se habla en el libro de la muerte como algo dramático. La muerte no es algo que da fin sino que cuando mueres sigues vivo en el recuerdo de las personas que te quieren. En el desierto, el principito conoce una serpiente que tiene el poder de devolverlo a su planeta. Es cierto, El Principito muere, vuelve a su planeta, pero lo hace para vivir en nuestros corazones para siempre.

Los baobabs son los malos hábitos, pensamientos y problemas, hay que solucionarlos antes que sean demasiado complicados, es la moraleja que nos deja el autor, cuando nos alerta: ¡Niños, atención a los baobabs! Los niños somos nosotros, los lectores.

Hay que tener disciplina, cuidado, estar atento siempre para diferenciar lo bueno de lo malo y actuar en consecuencia.

Lo cierto es que El Principito como tantas otras historias pareciera escrita para niños, de hecho son libros infaltables en las bibliotecas de los más pequeños pero en realidad encierran temas que van más allá de la infancia, guardan esos secretos que los niños descubrirán al crecer, porque son historias que desde la simpleza y la aparente ingenuidad de sus contenidos, nos hablan de los misterios de la vida que solo de adultos entenderemos mejor.
Pero, ¿qué misterios encierran los personajes de “El Principito”?

En la escritura los personajes no nacen de generación espontánea. Muy a menudo los personajes que encontramos en las novelas son un arquetipo de personalidades que hemos ido armando a lo largo de nuestra vida: muchos soberbios nos dan idea de cómo puede actuar un personaje con soberbia, por ejemplo. Pero muchos otros personajes tienen su correlato con la vida real. Antoine de Saint Exupéry fue un aviador que tuvo oportunidad de conocer muchos países, que murió en una misión durante la Segunda Guerra Mundial (su avión nunca fue encontrado), que nació y conoció el mundo y partió más sabio de lo que fuera al nacer, no caben dudas de que vivió una vida tan intensa como el mismo Principito que partió de su Asteroide B 612, llegó a la tierra, aprendió y volvió a su Asteroide, más sabio de lo que era al partir.
Pero ¿cómo aprovechó Exupéry la experiencia de su propia vida para dar vida a los personajes de El Principito?

La rosa. -Sois bellas, pero estáis vacías -les dijo todavía-. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.

La rosa no es un personaje fácil. Es bella, pero se cree inigualable, sin saber que hay cientos y miles de flores como ella. El Principito acaba huyendo, iniciando entonces su gran periplo por el universo y terminando finalmente por darse cuenta de la verdad: “No supe comprender nada… ¡Nunca debí huir! …Yo era demasiado joven para saber amarla”.
Ahora ya no es el personaje imaginario el que habla. Es el propio Saint-Exupéry. Y ahora ya no se refiere a una rosa cualquiera sino a Consuelo, née Suncín, su esposa, su amor.
Lo que más recordamos de “El Principito” es su rosa y cómo la amaba con locura, y esa rosa, Consuelo, era sólo del autor, única, con espinas, imperfecta, frágil, dependiente, egoísta, mentirosa, pero de él, al fin y al cabo.

El zorro. Durante su servicio como piloto de correo en el cabo Juby, Saint-Exupéry había visto un zorro del desierto, lo que muy probablemente le inspiró a crear al zorro del libro. Aun así, se cree que este personaje está basado en Silvia Hamilton Reinhardt, una íntima amiga neoyorquina del autor.​ También se cree que la frase Lo esencial es invisible a los ojos, fue producto de su relación con Reinhardt.
Algunos especialistas consideran que los temibles baobabs representan al nazismo que intentaba destruir el planeta, ya que por entonces Francia (el país natal del autor) había sido tomada por la Alemania nazi.
El consuelo del principito al piloto antes de regresar a su planeta cuando le dice: mi cuerpo será como una corteza abandonada, se asemeja a las últimas palabras del hermano menor de Antoine Saint-Exupéry, Francis, quien en su lecho de muerte le dijo: No te preocupes. Estoy bien. No puedo evitarlo. Es mi cuerpo. Verdaderos, casi reales, inventados, lo cierto es que los personajes son parte del autor y los actores que dan vida a una historia.

Ya sea que hayas leído “El Principito” o que simplemente hayas escuchado hablar del libro, creo que la aventura de leerlo por primera vez o de re-leerlo las veces que hagan falta, es parte de la magia con que este libro envuelve y envolverá tu vida durante el breve lapso de su lectura y más allá. Después de El Principito ya no volverás a ser el o la que eras.


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