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A las sagas me remito

¿Alguna vez han escuchado hablar de los libros por entrega?
Las novelas por entregas o folletines, surgen en el siglo XIX en Europa y consistían en publicaciones regulares en periódicos o revistas literarias de la época. La alfabetización cada vez más expandida, aún entre las clases sociales más bajas plantea la necesidad de otorgarle a la población una literatura que estuviera a su alcance. Las novelas por entregas son el primer gran ejemplo de literatura masiva.
Si pensamos en libros que nacieron de la publicación por entregas y se convirtieron en clásicos de la literatura, descubriremos los siguientes títulos: Los tres mosqueteros, El Conde de Montecristo, Los miserables, Crimen y Castigo, Grandes Esperanzas, etc. etc.

Ahora bien ¿Alguna vez han escuchado hablar de sagas literarias?
Sí, por supuesto, dirán muchos entre ustedes, mientras esperan la entrega del último tomo de la saga de “Las 7 hermanas” que Lucinda Riley dejó encargado de pulir y publicar a su hijo antes de morir. Muchos como yo estarán esperando todavía el tercer libro de “Crónica del asesino de reyes” de Patrick Rothfuss que parece tomarse su tiempo entre tomo y tomo, quizás como un recurso más para mantener en vilo al lector, para alimentar la ansiedad, la intriga, la desesperación.
Mr. Rothfuss, ¿para cuándo la prometidísima 3º entrega: Las puertas de piedra?
Y es que justamente de eso se trata una saga: atrapar al lector, cautivarlo y mantenerlo cautivo de una historia con la promesa de más y más… Es decir, una saga hoy por hoy es casi como la novela por entregas de allá lejos y hace tiempo.

El fenómeno “Saga”

Las sagas se nutren de la expectación y producen adicción. La clave está en producir un primer libro con un final que cierre pero con personajes que el lector no pueda soltar, con historias que pidan un poquito más y otro poquito y otro.
Indudablemente se trata de un recurso mercantilista. Las editoriales hoy en día producen sagas y las venden como pan caliente. Pero ojo, detrás de toda saga hay un autor que se presta a este servicio y los hay que indudablemente saben cómo unir mercado con buenas historias, y buenas historias venden y eso le sirve a la editorial y al autor.
Un cóctel, que solo necesita el último y más importante ingrediente: un lector (o varios de ser mejor) para sentarse a la mesa y beber. Porque si las sagas embriagaran como una bebida alcohólica, imposible contar la cantidad de ebrios que encontraríamos por ahí desparramados o en fila india esperando en las librerías la salida del ansiado siguiente tomo.

Y de la eventual ebriedad pasamos a la adicción, sí, no los voy a engañar, las sagas en la literatura de nuestros días son lo que a muchos lectores hacen adictos, buscan, esperan, ansían y devoran (o ¿beben?) y ya sabemos que salir de una adicción no es fácil. En este caso ¿Quién querría, quién podría abandonar la necesidad de salir de una saga y entrar en otra? La necesidad, como en toda adicción es el principio y una vez metidos en la vorágine allá vamos buscando entre los miles y cientos de libros disponibles uno que nos prometa prolongar el placer de seguir leyendo.

Los condimentos para una saga

Un planteamiento inicial de una aventura más o menos independiente en cada uno de los libros, pero en el que cada volumen sirva a un arco argumental que debe resolverse en el próximo tomo. Así son las sagas. Así se concibió Harry Potter que terminó superando incluso la idea primigenia de J.K. Rowling, su autora, que soñaba con tres libros y terminó escribiendo siete (una heptalogía). No los voy a mencionar uno por uno pero sí voy a decirles que con ella se inauguró la locura desenfrenada de los miles y miles de lectores esperando.

Hoy por hoy ya ha transcurrido una generación desde entonces y Harry Potter sigue pasando de padres a hijos. Y no hablamos solo de libros porque los éxitos editoriales siempre traen de la mano los éxitos filmográficos.
Por otro lado, es importante distinguir entre una saga o un libro dividido en varios volúmenes. Muchas veces el segundo tipo de libros son vendidos como sagas por las editoriales buscando enganchar a determinado público y aumentar el beneficio por venta. Pero, a la larga, se les suele pillar como se pilla a los mentirosos.
También hay veces que si bien es una sola historia, esta se divide en varios libros por el tiempo en que el autor tarda en escribirla, como por ejemplo la historia de “Canción de hielo y fuego” de George R. R. Martin.

El número de volúmenes que puede tener una saga es indeterminado. “El señor de los Anillos” de J. R. Tolkien está compuesta por tres volúmenes, en ese caso hablamos de trilogía. Lo mismo sucede con “Los pilares de la tierra” de Ken Follett que también está compuesta por tres libro al igual que “La caída de los gigantes”.
Divergente, Insurgente y Leal, son los que componen la trilogía “Divergente” escritos por Veronica Roth.
Diana Gabadon con “Forastera”, no pudo parar sino hasta ponerle punto final al noveno volumen, que estamos esperando que se publique en español (04/22) y la historia “Los hijos de la tierra” de Jean Marie Auel, necesitó seis libros para completarse.

Leer una saga

¿Qué implica para un lector acercarse a una saga?
Si dejamos de lado el gastarnos dinero y tiempo, las sagas van a ofrecerte una inmersión completa en el mundo que presentan. También nos permitirá gozar de una mayor empatía con los personajes y llegar a comprenderlos de una manera global. Las sagas también requieren de una mayor atención del lector ya que suelen tener muchos más personajes y exigen que se lean de una manera determinada y en un tiempo concreto. Lo ideal sería que los libros que componen la saga sean un poco conclusivos, es decir que en un libro la historia pueda suspenderse y que nos permita serenarnos hasta que entremos en el siguiente tomo, pero planteando lo que en literatura se denomina cliffhanger (“final en suspenso”) que deja al lector con ganas de más. A su vez necesitan una trama general que tomo a tomo debe avanzar. Creo que ambas cosas deben darse y de hecho es posible, por ejemplo en la saga Las siete hermanas de Lucinda Riley.
Si solo avanzaría la trama general nos encontramos ante las famosas historias simplemente separadas en varios libros con intereses comerciales. Y si son únicamente conclusivos, pueden tomarse y leerse independientemente, por lo que tampoco podrían considerarse sagas.

Escribir una saga

¿Y para el escritor que significa una saga?
A mi manera de ver, creo que un autor debería concebir una saga en forma completa y luego sumergirse a escribir cada libro. Si va escribiendo a medida que se publica se corre el riesgo de caer en contradicciones de contexto o de personajes, lo cual representaría un verdadero desastre. Tiene la ventaja de que permite ahondar en los personajes y enriquecerlos casi como en la vida real, porque el tiempo de un saga parece no tener más límites que la cantidad de libros que un autor sea capaz de escribir sin aburrirse, que esa también podría ser otra de las desventajas.
Yo personalmente me volví adicta desde muy joven con “Ana de las tejas verdes” de la canadiense Lucy Maud Montgomery y con “Mujercitas” de Louisa May Alcott. Y cada vez que escucho que aparece una nueva saga empiezo a babear como si se tratara de mi postre favorito y como ante uno exquisito no me puedo contener y me tiró de cabeza.

Las sagas permanecen en nuestros recuerdos y a veces incluso, como si se tratara de una cuestión genética, se hereda esa lealtad de adicto.
Las sagas van y vienen, las sagas siempre quedan porque forman parte de nuestra vida de lectores durante un tiempo prolongado, porque los personajes terminan siendo nuestros amigos y porque los mundos reales o inventados, esos mundos donde durante el ratito que dura la lectura pasan a ser nuestros mundos, esos mundos donde nos olvidamos, por lo menos por ese rato, de la crudeza del mundo real.


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