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Bluestocking – Camino al andar

Quizás te suceda lo que a mí cuando leí Bluestocking. Voy a ayudarte: No es el nombre de una enfermedad ni el de un género musical como desde mi total ignorancia del inglés supuse en un principio. No es una bebida ni una comida, puesta a elucubrar después de unos minutos ya se me ocurría cualquier semejanza con lo conocido. Finalmente y como debiera haber hecho en un principio corrí al traductor de Google, escribí Bluestocking (o más bien copié y pegué porque me era imposible recordar cómo se escribía) y la traducción decía: Literata. Perfecto, me dije, habrá que investigar un poco más porque a pesar de mi ignorancia estaba segura de que Blue hace referencia al color azul.
Si descomponía la palabra y habiendo chequeado que Blue es realmente azul, me quedaba “stocking”. Otra corrida al traductor que me aseguraba que “stocking” significa media. Agradecida a Google y eufórica porque ya estaba un poco más encaminada concluí que Bluestocking, como consecuencia de esa costumbre anglicana de juntar las palabras y hacer de dos una, pensé, Bluestocking significa: Medias azules. Seguía tan en ayunas como al principio aunque no dejaba de resonar en algún rincón de mi mente que la primera traducción que me tiró el señor Google fue: Literata. En fin, a esa altura ya mi ignorancia se peleaba a brazo partido con las ganas de dejar de serlo y me puse a investigar.

El término Bluestocking es utilizado en inglés como adjetivo. Una bluestocking es una mujer educada, una intelectual. Hasta finales del siglo XVIII, el término se refería a personas instruidas de ambos sexos. Más tarde se aplicó principalmente a mujeres intelectuales. La referencia a las medias azules puede surgir de la época cuando las medias de lana peinadas eran una vestimenta informal, en contraste con lo formal, que eran las medias de seda negras de moda.

Para dejar de dar tumbos seré simple. En el siglo XVIII surgió una sociedad que daba espacio a estas mujeres y les ayudaba a desarrollar su intelectualidad como querían y se la conoció como: La Sociedad de las Medias Azules. Como verán, la reivindicación de la intelectualidad de las mujeres, la lucha por explicar que la mujer no es un simple objeto ni un adorno, no es solo un producto de este vertiginoso siglo XXI, sino un trabajo arduo de siglos. Claro que allá por el 1700 esa lucha recién comenzaba y había que demostrar que una mujer llevaba, debajo de su tocado, algo más que un hermoso cabello que lucir.

Las Medias Azules o Blue Stocking fue una sociedad fundada en 1750 por la escritora Elisabeth Montagu y su amiga Lady Margaret Cavendish Harley. Ambas forjaron una gran amistad. Las dos se quejaban de los mismos problemas. Durante sus respectivas vidas habían sufrido diferencias con respecto a sus hermanos. Siempre habían tenido más restricciones, algo habitual como ya sabemos.
Montagu, invirtió la gran fortuna que le dejó su difunto marido en organizar un salón literario en Hill Street, donde reunía a lo mejor de cada casa. En un principio, a las reuniones acudían tanto hombres como mujeres pero eran reuniones para nada convencionales. En la mayoría de los encuentros de la época, las mujeres y los hombres estaban separados. Mientras ellas hablaban de cotilleos y de los últimos brocados, ellos discutían sobre temas más importantes como la política o la poesía.

Aparentemente, en estos espacios no existían las desigualdades. Sin embargo, las mujeres que participaron no se libraron de cierta condescendencia. Es decir, cuando presentaban sus opiniones en los debates eran tratadas con cierta intransigencia por los hombres que imponían su voz y explicaban sus teorías por encima de ellas. Lo curioso es que la mayoría de los detractores eran grandes intelectuales que criticaban y parodiaban las teorías de las mujeres. Contrariamente a lo que podría pasar hoy en día, esas mujeres no se empoderaron detrás de una premisa que afirmara: “abajo los hombres, vivan las mujeres”, como sucede en la lucha que en el presente recoge el colectivo femenino. La paciencia de saberse intelectualmente iguales, la pasión por demostrarlo fue la bandera que hicieron flamear aquellas primeras “feministas” del siglo XVIII.
En algunas de las reuniones había pensadoras radicales que se atrevían a hablar sobre temas como la igualdad sexual, la libertad de las mujeres o la justicia social. Algo que vemos como normal hoy en día, resultaba un escándalo en las bocas de aquellas mujeres. Algunas de las protagonistas de estos discursos fueron Mary Wollstonecraft, filosofa feminista que dio a luz a Mary Shelley, la autora de “Frankestein”, o la famosa Catharine Macaulay, la primera mujer inglesa en convertirse en historiadora y hasta su muerte la única historiadora del mundo. Ambas fueron mujeres que vivieron su propia vida fuera de las obligaciones femeninas. Entre sus ideas destacaban reemplazar la monarquía por una democracia, así como diferentes pensamientos revolucionarios sobre la libertad sexual o el sexo fuera del matrimonio. Las dos reflejan a través de su vida privada, que no estaban de acuerdo con los principios establecidos que por otra parte eran principios pactados y consensuados solo por hombres.
Inmediatamente el ejemplo cundió y traspasó el canal de la Mancha para aterrizar en el continente. Les bas bleu fue el término con que se conoció a un grupo de mujeres que a comienzos del siglo XIX apareció en Francia, para investir a una mujer de letras. El término adquirió rápidamente una connotación peyorativa, y se las denominaba: las mujeres eruditas de Moliere, en alusión a Les Femmes savantes (Las mujeres sabias) una comedia escrita por Molière, una sátira sobre la pretensión académica y la educación femenina que retrata un mundo de mujeres obsesionadas por los avances de la ciencia que se jactan de conocer en profundidad, pero de la que nada entienden. A través de esta sátira, el autor critica a los literatos pretenciosos y a las damas de la corte de su tiempo, así como la hipocresía reinante en la sociedad en que vivía.

La movida también se dio en España. Las Medias Azules Españolas fueron ridiculizadas y se las conocía como las sabelotodo. Sus reuniones se desarrollaban en los salones literarios de la aristocracia o la nobleza. Las principales líderes de estos salones fueron la Duquesa de Alba, la Duquesa de Osuna y la Marquesa de Santa Cruz. El resultado de las reuniones fue la creación de la Junta de Damas que tuvo como principales temas de debate las demandas de igualdad y derechos de las mujeres.
A pesar de ser ridiculizadas, sabemos que lograron sus objetivos. De hecho, muchas realizaron carreras y llegaron a tener un impacto en la literatura de la época. Muchas debatieron sobre temas que obligaban a remodelar las imposiciones sociales. Fueron las primeras en cuestionarse algunos de los temas intocables en la época como el matrimonio o la desigualdad de género. Sus discusiones hicieron tambalear la sociedad patriarcal de aquel siglo.
Lo cierto es que mediante estas sociedades femeninas se expresó la importancia de los intereses individuales para las mujeres. Sus grandes debates y discusiones reflejaban un crecimiento de la conciencia feminista, porque era la primera vez que podían expresar su opinión libremente. El tiempo pasa y la lucha feminista hoy por hoy, no siempre debate la importancia de la mujer sino que muchas veces se transforma en lo que intenta evitar: la primacía de derechos de un género por sobre el otro.
Se confunde incluso la lucha feminista con la lucha por el reconocimiento y el derecho de la homosexualidad. Y es una lástima porque la igualdad de género no pasa por igualar en todos los órdenes la mujer y el hombre. La igualdad de oportunidades y la homogeneidad respecto al intelecto femenino y masculino es innegable y no debería siquiera ponerse en tela de juicio. La equidad entre ambos géneros no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible.
Sin dejar de lado la lucha por una identidad de género y el respeto a la homosexualidad que a mi entender es una lucha igual de valedera y aunque en el presente es alzada como bandera del feminismo y corre paralela a la lucha por los derechos de la mujer, nada tiene que ver con la aceptación de que intelectualmente el hombre y la mujer somos iguales.

Ni por sobre unos ni por debajo de otras. El hombre y la mujer son distintos en muchos aspectos y gracias a eso el mundo es más divertido de lo que podría ser si un hombre y una mujer fueran exactamente iguales.
Ni por sobre unas ni por debajo de otros y aunque hace falta un poco más de paciencia para que algunos terminen de entenderlo: has recorrido un largo camino muchacha, un camino que las Bluestocking transitaron sin torpeza, sin violencia, simplemente demostrando, explicando, probando y comprobando, sencillamente haciendo camino al andar.


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