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Amigo siempre amigo

Allí están cuando los necesitamos no importa lo que nos suceda, ellos nos sostienen y cuando de festejar se trata son los primeros en la lista. Afecto personal puro y desinteresado. Un amigo es una luz brillando en la oscuridad, dice la canción de Alejandro Lerner y lo cierto es que muchas veces cuando se ha puesto sombrío, un amigo llega y te enciende esa lucecita de esperanza que te cuenta y te canta bajito al oído el resto de la canción: siempre serás mi amigo no importa nada más.
Desempolvando varias canciones que hablan de la amistad hasta he derramado un par de lágrimas de emoción, y quién no si suena Friends will be friends en la voz de Freddy Mercury asegurándonos que: Amigos serán amigos… hasta el final (right till the end).

Aún si eres de aquellos que afirman que cuanto más conozco a la gente más amo los libros, la amistad incondicional sigue siendo el hilo conductor que nos une a esos amigos de papel y/o a los de verdad.
Muchos escritores han dado fe de esa especie de alianza que surge cuando nace una amistad, una unión que solo un delgado hilo de sentimientos sostiene y justifica, porque como decía Anaïs Nin: “Cada amigo representa un mundo en nosotros, un mundo que posiblemente no nace hasta que ellos llegan, y es solo en este encuentro que un nuevo mundo puede surgir”. Un mundo que hay que defender con uñas y dientes porque, como alguna vez afirmó Alberto Moravia: “La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso hay que salvarla como sea”.

Y es que ningún escritor puede hacer oídos sordos a la complicidad, al abrigo que nos brinda la amistad por eso, en esos amigos incondicionales que son los libros la amistad ha sido celebrada por décadas, y ya sea que quieras agasajar a tu amigo/a obsequiándole el mensaje subliminal de lo importante que es en tu vida, o sea que simplemente busques afianzar el concepto de amistad, no puedes dejar de prestar atención a la lista que te brindamos a continuación:

“Aquella vez en que Lila y yo decidimos subir las escaleras oscuras que llevaban, peldaño a peldaño, hasta la puerta del apartamento de don Achille, comenzó nuestra amistad”. Así comienza La amiga estupenda, el primero de los cuatro libros que componen la saga Dos amigas escrita por Elena Ferrante que se completa con Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida. La historia transcurre en un barrio de Nápoles y nos sumerge en ese mundo especial fabricado, sostenido y a veces sufrido por Lina y Lenù, las protagonistas, dos niñas que se transforman en mujeres y a lo largo de la saga nos develan sus miserias, astucias y luchas por sobrevivir en medio de la miseria de la Italia de mediados de siglo donde sobrevivir era cosa de unos pocos.

Sándor Márai es un autor para leer con calma, es un autor que si lo dejas, poquito a poco se va adueñando de tu alma y terminará él mismo por convertirse en tu amigo. En esta ocasión el tema amerita la propuesta de lectura de El último encuentro. Dos amigos que vuelven a verse tras una ausencia de cuarenta años. Son ya mayores y tienen a sus espaldas el recuerdo imborrable de una amistad única. No voy a abundar en explicaciones y transcribo la mejor de las definiciones que entre muchas he encontrado respecto a la mistad plasmada en palabra del propio Márai en este libro: “Más allá de las pasiones, de los egoísmos, esta ley, la ley de la amistad, prevalecía en el corazón de los hombres. Era más poderosa que la pasión que une a hombres y a mujeres con fuerza desesperada; la amistad no podía conducir al desengaño, porque en la amistad no se desea nada del otro; se puede matar a un amigo, pero la amistad nacida entre dos personas en la infancia no la puede matar ni siquiera la muerte, puesto que su recuerdo permanece en la conciencia de los hombres, como permanece el recuerdo de una hazaña discreta que no se puede expresar con palabras”.

En Cuatro amigos, de David Trueba, nos acercamos a cuatro amigos que se embarcan en el viaje de sus vidas, ese en el que compartirán sus momentos más surrealistas en busca, quizá, de un sentido a su existencia. Están en una fase que se podría situar entre la juventud y la edad adulta, por la veintena. Todos son diferentes entre sí y pasan por situaciones diversas, y un tanto rocambolescas, en sus vidas. En este viaje pretenden curar heridas y darle un sentido a su futuro, si es que lo tiene. Teñidas de nostalgia estas páginas no te dejarán indiferente.

Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta, nos cuenta las historias de dos mujeres aparentemente diferentes que cruzan sus vidas por casualidad, y como siempre acontece en la vida la casualidad las vuelve inseparables. Las dos han pasado a lo largo de su vida por diversos momentos apartadas de la sociedad, por incomprensión o por injusticia. Lo cierto es que esa situación las hace únicas a sus propios ojos, podemos decir que el dolor las hermana.
Sayoko es un ama de casa de treinta y cinco años con una niña de tres que comienza a trabajar para Aoi, una mujer que regenta una agencia de viajes y limpiezas y que se define como un espíritu libre. Con un pasado y un presente que las enclaustra en sí mismas, que las lleva a sentirse apartadas del mundo, cada una encuentra en la otra un salvavidas que les hace la vida más soportable.
Dos niños afganos de diferente estrato social, que desde la infancia han sido inseparables, Amir y Hasan son los protagonistas de Cometas en el cielo de Khaled Hosseini. Hasan es hijo del criado de la casa de Amir, es por ello que han crecido juntos, hasta que sucede algo muy grave y el secretismo, la cobardía y la vergüenza los terminan separando. Años después, por cosas de la vida y en busca de redención, la historia de estos dos muchachos vuelve a enlazarse y nos demuestra el verdadero significado de la amistad, esa por la que mueves montañas y que estarías dispuesto a cualquier sacrificio.

Dije más arriba cuanto más conozco a la gente más amo los libros y estaba en verdad parafraseando el dicho que reza: cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro, y cuando no, fue un escritor, Lord Byron, quien lo afirmaba. Por eso ellos no podían estar ausentes en esta selección.

A través de mis pequeños ojos es una bella historia de amistad, amor y superación contada a través de los ojos de un perro guía y nos llega desde las palabras de su autor Emilio Ortíz.

Humano, mascota o incluso tu libro favorito puede ser ese hombro o también ese capítulo inagotable de sabiduría que te acompaña en el momento que más lo necesitas y que tiene el poder de perdurar a través del tiempo. Por eso no hace falta, como alardeaba Roberto Carlos, tener un millón de amigos, con uno y bueno es más que suficiente, solo hay que saber reconocerlo, abrazarlo, cuidarlo porque la vida no suele ponernos en el camino dos veces una misma joya para embellecer nuestra alma. Y como dice la canción de Toy Story:
Hay muchos que pueden ser / Un poco más listos / Mas nunca habrá / Quien pueda ser un amigo fiel.

Y tú lo sabes.

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