Durante siglos, los chicos y las chicas buenas de la literatura: los héroes, han sido depositarios de la virtud, la justicia y la verdad. Nos identificamos con ellos, queremos ser ellos porque representan nuestros sueños (a veces inalcanzables) porque nos reivindican en aquellas misiones que no encaramos y tantas cosas más.
Pero… no es de héroes de quienes vengo a hablarte sino de aquellos otros que posibilitan la división entre el bien y el mal, esos que están del otro lado de nuestros sueños, esos que transitan los caminos opuestos a la complacencia, que cuestionan, enfrentan. No siempre es maldad sin matices, sino fuerza necesaria para que la historia respire y se despliegue: espejo de nuestras sombras y contradicciones, constructores de tensión, artífices de cambio: los villanos…
El villano es, en esencia, la chispa que obliga a mirar, a sentir y a pensar más allá del confort del héroe y se atreve a desestabilizar el orden. Odiados, Maldecidos, Criticados y Condenados, pero… ¿y si los villanos tienen razón?
La figura del antagonista, tradicionalmente asociada con la maldad, el egoísmo o la corrupción, se revela con frecuencia como un personaje complejo, portador de un discurso crítico que las historias conocidas suelen desestimar. Analizar a estos villanos sin justificar sus métodos, sino reconociendo en ellos voces de disidencia que incomodan, denuncian y cuestionan estructuras de poder, es reconocer que incluso la oscuridad tiene algo que enseñar sobre la condición humana y los límites de la moral convencional. Es todo un desafío escuchar las voces de los villanos y descubrir que algunos, hasta tienen razón.
Los villanos mal que nos pese, suelen ser nuestro espejo. Mary Shelley, en Frankenstein ofrece uno de los ejemplos más claros de un antagonista incomprendido. La criatura, reducida a “monstruo”, no nace malvada: su deseo inicial es ser aceptada, amada y reconocida como un ser humano. El rechazo y la soledad, no forman parte de su esencia sino de sus vivencias que lo transforman en asesino. Es, entonces, la sociedad quien crea al villano. La lectura contemporánea convierte al “monstruo” en el espejo que nos refleja…
La intolerancia de una humanidad incapaz de abrazar la diferencia del otro, la sociedad que no reconoce ser generadora de esa intolerancia es la verdadera cara del mal: el villano es solo el reflejo de esa sociedad. Algo parecido ocurre con Heathcliff en Cumbres borrascosas de Emily Brontë. Su violencia lo hace temible, pero esa agresividad surge de años de marginación, humillación y amor frustrado. Sus acciones son las reacciones de quien ha sido excluido del orden social y emocional, un marginado cuya oscuridad refleja tanto su sufrimiento como su resistencia frente al mundo que lo rechazó.
Si quieren otro ejemplo allá vamos. Patrick Bateman, protagonista de American Psycho de Bret Easton Ellis es un asesino despiadado. Pero si miramos más atentamente su imagen en el espejo, hasta podemos sentirla propia. Bateman es un ser hipersensible, producto de un mundo hiper-consumista y superficial. Refleja la alienación y la falta de ética de la sociedad que lo rodea lo cual viene a confirmar que el villano no es lisa y llanamente malo, sino que el entorno genera esa deshumanización que no es sino la respuesta ante la incomprensión, la impotencia, ante la falsedad de un mundo que establece una línea divisoria entre el bien y el mal. Y me pregunto ¿Cuántos de nosotros no habremos sido villanos alguna vez? ¿Cuántos quisiéramos serlo antes ciertas injusticias naturalizadas?…
Por otro lado, si atendemos los matices en el reflejo de un espejo será fácil concluir que: Todo villano es un rebelde. Hay villanos que no encarnan el mal, sino la rebeldía contra el orden impuesto. Rebelarse no siempre implica maldad, a veces simplemente refleja la impotencia. En Moby Dick de Herman Melville, el capitán Ahab es presentado como un obsesivo que sacrifica a su tripulación por vengarse de la ballena blanca. Pero, bajo otra luz, Ahab encarna la resistencia contra un orden natural que lo mutiló y contra un destino impuesto. Su rebeldía, aunque autodestructiva, es un grito contra la sumisión al azar o a un Dios implacable.
No todos los villanos lo son por naturaleza: algunos cargan con el estigma de ser la oveja negra que se niega a marchar con el rebaño. El Capitán Nemo en Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne, es el malo de la historia y en realidad es un fugitivo del orden político y social que se rebela contra las naciones que destruyeron su mundo.
Y como los supuestos villanos están por todas partes, desde siempre y para siempre, no puedo dejar de mencionar por ejemplo a Tyler Durden, el protagonista de El club de la lucha de Chuck Palahniuk. Presentado como un anarquista violento y peligroso, es en realidad un rebelde que cuestiona la conformidad, el consumismo y las normas sociales. Aunque sus acciones son extremas, encarna la resistencia frente a un sistema opresivo. ¿Vas sintiéndote identificado con alguno de estos supuestos villanos? La voz femenina siempre incomoda, y a veces, presentarla como villanas es una salida para mostrar la imagen distorsionada que puede brindarnos un espejo si no sabemos mirar. Pero si le pasamos un paño y limpiamos la luna de ese espejo entenderemos mejor a ciertas supuestas villanas…
A lo largo de los siglos, la literatura muestra que muchas villanas no nacen malvadas, sino que su “maldad” refleja su rebeldía frente a traiciones, opresiones o injusticias. Ya en el siglo V a.C. Clytemnestra en Agamenón de Esquilo, es percibida como cruel por asesinar a su esposo, sin prestar debida atención a su acción que en realidad surge como respuesta a la violencia y la humillación que sufrió, no olvidemos que Agamenón sacrificó a Ifigenia, la hija de ambos, para poder zarpar a Troya, un acto que Clitemnestra nunca perdonó y que busca castigar. Su venganza revela los límites de una sociedad patriarcal que ignora la injusticia hacia las mujeres. De manera semejante, Eurípides narra la historia de la hechicera Medea y su terrible venganza contra su esposo Jasón tras ser abandonada y traicionada, estoy hablando de la obra Medea que desde entonces se ha transformado en símbolo de crueldad maternal, sin embargo hoy se la interpreta como una mujer que desafía la traición y el poder masculino, aunque su venganza exceda lo tolerable.
En la literatura contemporánea, Amy Dunne en Perdida de Gillian Flynn, encarna la manipulación y la venganza, pero su conducta extrema refleja la resistencia frente a un matrimonio opresivo y a las expectativas de una sociedad que juzga con doble moral. Calificada como sociópata y moralmente indefendible, fría e inteligente, lo cierto es que Amy reivindica la posición de muchas mujeres víctimas de la infidelidad marital…
Asimismo, en El cuento de la criada de Margaret Atwood, June desafía un régimen totalitario y patriarcal. Capturada al intentar huir a Canadá con su familia, es convertida en criada por un régimen totalitario. Aun así, se aferra a su identidad y al deseo de reencontrarse con su hija. El dolor y la violencia la convierten en una rebelde implacable, cuyas acciones, aunque moralmente discutibles, expresan su búsqueda de justicia y venganza en un mundo opresivo. Su desobediencia la convierte en una villana para el sistema pero su rebeldía es un acto de supervivencia y resistencia y aunque el fin no justifica los medios en este caso debemos aceptar que June tenía razón para actuar como actuó.
En todos estos casos, la villana funciona como un espejo que refleja lo que recibe: su violencia y rebeldía no son innatas, sino respuestas a la marginación, la injusticia y las normas que buscan silenciarla.
Revalorizar a los villanos no significa justificar el crimen o el dolor que provocan, sino leerlos en clave de resistencia, denuncia y humanidad. Estos personajes obligan a revisar las categorías simplistas de “héroe” y “antagonista”. En tiempos actuales, que exigen una narrativa más compleja, el villano deja de ser un monstruo para revelarse como un espejo crítico: una voz que, aunque distorsionada, nos dice verdades que el héroe prefiere callar.
Los villanos nos obligan a mirar más allá del bien y del mal, a entender motivaciones, contextos y emociones complejas, nos muestran que el mal a menudo es relativo y nos representan en la crítica hacia la sociedad, la política o las estructuras de poder.
Y es así que, los villanos a veces tienen razón.

Profesora de escritura creativa y coordinadora de talleres literarios, editora y correctora literaria, reseñadora y crítica literaria.
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