Hay muchas maneras de leer un libro. Podemos seguir la historia, observar a los personajes, detenernos en el estilo o preguntarnos qué quiso decir el autor. Pero también podemos hacer algo más sencillo: detenernos en un detalle.
Una frase que nos llamó la atención, un objeto, una habitación, un gesto, una costumbre. Algo que aparece en apenas unas líneas y que, sin saber muy bien por qué, nos hace detenernos.
¿Qué pasaría si siguiéramos ese detalle? Estaríamos realizando lo que se llama lectura lateral: detenernos en un detalle de la obra y seguir el camino que ese detalle nos propone, sin intentar explicar el libro entero. No se trata de reseñar ni de resumir, ni de encontrar significados ocultos en cada página. Se trata de mirar de cerca algo que quizá habíamos pasado por alto y preguntarnos adónde puede llevarnos …
Vamos a partir de una idea sencilla: leer es una actividad y no una simple recepción del texto. Y no es una idea nueva. Virginia Woolf se ocupó de ella en su ensayo El lector común, donde propone que el lector se acerque al libro con libertad, sin dejar que las opiniones ajenas determinen de antemano lo que debe encontrar. Entre sus recomendaciones aparece una frase especialmente apropiada para nuestro planteo: «Para leer bien un libro, uno debería leerlo como si lo estuviera escribiendo». La propuesta de Woolf supone ponerse, por un momento, del otro lado de la página: observar cómo se construye una escena, por qué una palabra y no otra, cómo se transmite una emoción. Leer deja entonces de ser solamente juzgar lo que otro escribió y se convierte también en una forma de acompañar ese trabajo, de intentar comprender las decisiones que hay detrás de cada página …
Marcel Proust lo expresó desde otro lugar. En El tiempo recobrado escribió: «Cada lector es, cuando lee, el propio lector de sí mismo». Para Proust, el libro funciona como un instrumento que nos permite ver algo que, sin esa lectura, quizá no habríamos podido reconocer en nosotros mismos. Tal vez por eso un mismo detalle puede llamar nuestra atención y pasar inadvertido para otro lector: cada uno lee también desde su propia experiencia. No buscamos el detalle mecánicamente, muchas veces el detalle nos encuentra. Quizás por eso, al volver a un libro que creíamos conocer, tenemos a veces la sensación de estar leyéndolo por primera vez. Descubrimos frases, escenas o detalles que antes habíamos pasado por alto. El texto no cambió. Cambiamos nosotros.
Pero, ¿cómo encontrar ese detalle? No hace falta buscarlo deliberadamente. Muchas veces aparece sin que lo esperemos: una frase que volvemos a leer, un objeto que recordamos sin saber por qué, un personaje secundario que nos despierta curiosidad, una escena que parece detenerse un instante más de lo necesario. También podemos prestar atención a lo que se repite, a aquello que aparece en momentos importantes o a algo que nos resulta extraño o fuera de lugar. Si algo nos hace detenernos, aunque todavía no sepamos por qué, puede ser un punto de partida …
La clave es no preguntarnos inmediatamente «¿qué significa?», sino algo más sencillo: «¿por qué me llamó la atención?» Esa pregunta puede ser suficiente para comenzar.
Probemos la lectura lateral con una obra conocida: La metamorfosis, de Franz Kafka.
Todos recordamos el comienzo. Gregor Samsa despierta convertido en un insecto. Pero antes de que la historia avance, hay un detalle que aparece con insistencia: la puerta de su habitación. Parece un detalle de simple descripción, pero no es solo eso. Gregor está detrás de la puerta, su familia está afuera. Todos quieren saber qué sucede: le hablan, le piden que abra. Normalmente pasamos rápidamente por esa escena porque lo extraordinario parece estar en otra parte: un hombre se ha convertido en insecto. Pero detengámonos en esa puerta que separa a Gregor de los demás y, al mismo tiempo, lo mantiene dentro de la casa. Todavía pertenece a su familia, pero empieza a quedar aislado.
Si seguimos ese detalle, aparece una pregunta: ¿Gregor comenzó a estar encerrado cuando se transformó o ya estaba, de algún modo, encerrado antes? Antes de la metamorfosis, Gregor trabaja para mantener a su familia. Su primera preocupación, incluso después de despertarse transformado, es llegar a tiempo al trabajo. Su vida está organizada alrededor de obligaciones de las que parece no poder escapar.
La puerta, entonces, no necesita convertirse en un símbolo secreto. Sigue siendo una puerta. Pero nos permite mirar de otra manera la vida de Gregor: el encierro físico que vendrá después hace visible un encierro que ya existía.
Ese es el movimiento de la lectura lateral: comenzamos con una puerta, pasamos a la habitación; de la habitación, al aislamiento; y del aislamiento, a una pregunta sobre la vida que Gregor llevaba antes de convertirse en insecto. El detalle no reemplaza la historia: la ilumina desde otro lugar, y ese nuevo lugar permite descubrir otros matices. Gregor no solo queda aislado físicamente de su familia: era un hombre que ya se encontraba separado del mundo que lo rodeaba. Quizás por eso esta forma de aislamiento que Kafka convierte en experiencia literaria sigue resultándonos reconocible. Pero hay un límite: no podemos hacerle decir al libro cualquier cosa. Podemos alejarnos del texto, relacionarlo con otras obras o con su contexto, pero tenemos que poder volver y comprobar que nuestra lectura encuentra algún apoyo en la historia de ese libro …
La lectura lateral no funciona solamente con los objetos. También puede comenzar con una frase. En Bartleby, el escribiente, de Herman Melville, una expresión se repite cada vez que el protagonista recibe un pedido: «Preferiría no hacerlo«. La frase parece sencilla, casi cortés. Pero a fuerza de repetirse, modifica el comportamiento de quienes rodean a Bartleby y también nuestra manera de entenderlo.
Podemos detenernos allí. ¿Qué significa realmente preferir no hacer algo? ¿Es una negativa, una forma de resistencia, una manera de desaparecer sin enfrentarse abiertamente con los demás? Una frase cotidiana termina abriendo preguntas sobre la obediencia, el trabajo y la libertad.
Otra vez, un detalle nos lleva más lejos de lo que parecía. No porque esconda una respuesta, sino porque nos obliga a formular una pregunta que antes no nos habíamos hecho. Pero ojo, no todo detalle tiene que esconder un significado. Una ventana puede ser simplemente una ventana y una pregunta, simplemente una pregunta. La lectura lateral no consiste en buscar símbolos donde no los hay, sino en preguntarnos adónde puede llevarnos un detalle cuando decidimos detenernos en él. El detalle es la puerta de entrada, no la respuesta …
Umberto Eco lo explica de manera muy gráfica en Lector in fabula: el texto es una “máquina perezosa” que necesita la colaboración del lector para funcionar. Leer supone entonces completar, relacionar, preguntar.
Quizás de eso se trate la lectura lateral: detenernos en aquello que normalmente dejamos pasar. Una frase, un objeto, una habitación, un personaje secundario.
Leer de costado no significa leer mejor. Leer de costado es encontrar otra forma de entrar en la historia.
A veces basta con detenerse en una puerta, mirarla, pensarla. Alejarse un poco y después volver al libro. Quizás descubramos que aquello que parecía un detalle era, en realidad, otra forma de entrar en la historia.

Profesora de escritura creativa y coordinadora de talleres literarios, editora y correctora literaria, reseñadora y crítica literaria.
Comparte la experiencia 😉
Libros en el artículo





