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Mío o tuyo

Los poetas inmaduros imitan, los poetas maduros roban, es una máxima de T. S. Eliot que se volvió en su contra.

Su obra más conocida La tierra baldía, recibió acusaciones de haber plagiado el Ulises de James Joyce, pero también de las obras de otros escritores menos conocidos, como Madison Cawein y Charlotte Mew. Otros premios Nobel de Literatura también se han visto acusados de haber utilizado la obra de otros de manera soterrada. Camilo José Cela fue acusado legalmente de plagio en 2009 por su obra La cruz de San Andrés. La autora María del Carmen Formoso, aseguraba que tenía pasajes muy similares a los de su novela Carmen, Carmela, Carmiña. Una jueza en 2009 señaló que había indicios de plagio, aunque el escritor había fallecido años antes.

Plagio o no plagio…esa es la cuestión. ¿Está justificado utilizar el trabajo de otros autores en una obra sin una cita expresa? ¿Dónde acaba el homenaje o la admiración y dónde comienza la apropiación de lo ajeno?
Una obra más reciente, y ampliamente celebrada, también se ha visto rodeada de este tipo de acusaciones. En Expiación, Ian McEwan utilizaba algunos datos que se encontraban en un libro publicado por Lucilla Andrews en el que esta autora relataba su experiencia como enfermera en el Londres de la II Guerra Mundial. McEwan reconoció que se inspiró en No time for romance (no traducido al español), la obra de Andrews para modelar a uno de sus personajes y para recrear algunos procedimientos médicos de la época, pero negó el plagio.
Distinto fue el caso de Michel Houellebecq en El mapa y el territorio: un periodista pudo demostrar que ciertos pasajes de la obra estaba copiados literalmente de Wikipedia.

Copiar o no copiar, no hay medias tintas. Un autor puede sin lugar a dudas trabajar una temática similar a la de otros autores y de hecho los temas más recurrentes de las historias literarias se caracterizan por ser de interés universal y perdurar en el tiempo. No es plagio de Romeo y Julieta si un autor escribe acerca de amores contrariados que acaban con la muerte de uno o los dos miembros de la pareja. No podemos decir en ese sentido que Ana Karénina de León Tolstoisea un plagio de la obra de Shakespeare solo porque la heroína decide suicidarse en la última página, tampoco Doctor Zhivago es un plagio de Tolstoi solo porque Borís Pasternak haya decidido escribir sobre amores contrariados. Son sencillamente historias que tratan un tema universal como es “el amor” y ¿Qué sería de una historia de amor si todo fuera color de rosa? Porque tampoco se puede acusar de plagio a Shakespeare cuando en realidad Romeo y Julieta sí existieron pero no eran italianos sino que hindúes y se llamaban Malava y Malati. Y que inspirado en esta pareja de enamorados hindúes a quienes les pasó exactamente lo mismo que a Romeo y Julieta pero no en Verona sino que en Bombay, el poeta hindú Bavhabúti (un estudioso indio) escribió “Malatimadhava” en el siglo VIII.

No, las temáticas similares “no” son plagio.
Dice la RAE, que plagiar es “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Y es lo que ha sucedido con esas copias que fueron dirimidas en tribunales certificando que una cosa es plagiar y otra muy distinta es copiar.
Tal fue el caso de la presentadora de televisión española Ana Rosa Quintana que se lanzó al mundo de la narrativa con un título casi profético: Sabor a hiel. Quintana no tardó en saborear la hiel de su publicación cuando le sobrevino una acusación de plagio, párrafos y páginas enteras copiados de tres libros (a saber: Mujeres de ojos grandes, de Ángeles Mastretta; El pájaro canta hasta morir, de Colleen MacCullough y Álbum de familia, de Danielle Steele). Ante lo innegable, Ana Rosa Quintana envió una carta a los medios de comunicación pidiendo disculpas a los muchos lectores de su novela.Con plagio o quizás incluso gracias a él, Sabor a hiel vendió 100.000 ejemplares.
De esos ejemplos hay unos cuantos: de las 270 páginas de Shimriti del escritor argentino Jorge Bucay, 60 fueron copiadas casi textualmente de La sabiduría recobrada de la filósofa española Mónica Cavallé. Bucay reconoció la copia en su revista Mente Sana: “Un error absolutamente involuntario permitió que los textos de la profesora Mónica Cavallé fueran incluidos en Shimriti sin la correspondiente y merecida mención de su fuente”, declaró Bucay.

Alguien por ahí podrá aducir (y con razón) que copiar es una cosa y plagiar es otra.
Volvamos a la RAE que dice que copiar es: Escribir en una parte lo que está escrito en otra. Pero como la palabra tiene varias acepciones hilemos fino, vayamos a la 6ª que dice que copiar es: Imitar o remedar a alguien. Entonces, ¿podemos imitar sin plagiar?
Yo creo que sí. Muchos autores imitan el estilo de otros, no son innovadores es verdad, pero eso no es plagio sino una simple imitación a falta de un estilo propio. De todas formas, aunque dos estilos se parezcan siempre existirán diferencias. De hecho estoy leyendo a Leonardo Padura, un estilo por momentos directo y de a ratos intrincado, frases interminables, una idea enganchada a la otra y párrafos que nos dejan sin aliento, lo cual inmediatamente me remite al Nobel de literatura William Faulkner, casi diría yo el papá de las frases largas, aunque también hubo un abuelo, Marcel Proust, en cuya obra de 7 tomos En busca del tiempo perdido encontramos algunas frases que ocupan una página y media. Y sin embargo, nadie puede decir ni siquiera sugerir que uno haya plagiado a otro. Copiar no es plagiar pero según la RAE, si además de copiar en lo sustancial obras ajenas, las damos como propias, estaremos incurriendo en un delito que incluso está penado por la Ley: el plagio.

En el plagio, el material copiado pocas veces tiene modificación, suelen ser copias exactas, lo cual equivale a robar y por lo tanto como cualquier robo, el plagio es un fraude, un delito que puede ser penalizado con años de cárcel o con multas muy altas dependiendo de la demanda. Paro copiar no es plagiar, todo escritor novel copia, los escritores consagrados comenzaron siendo noveles algún día y también copiaron y eso no es vergonzoso sino un camino inevitable. El mismo Horacio Quiroga lo dijo en su decálogo del buen cuentista: “Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia”.

Y es que hay contundentes diferencias:
Plagiar es delito. Copiar no está penalizado.
Plagiar es robar una idea. Copiar es utilizar la idea de alguien más para crear una nueva o citarla.
Plagiar es una acción poco creativa.
Copiar puede ser una forma de motivar la creatividad.

Admirar no implica plagiar porque en todo caso no sería admiración sino más bien envidia. Por eso, “Zapatero a tus zapatos”, “Cada uno a lo suyo”, “Cada cual por su vereda”, que lo tuyo NO es mío, y lo mío TAMPOCO es tuyo.

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