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Escribir es como nadar

Si eres un buen lector (lo cual no pongo en duda), si eres un amante de las letras (si me estás leyendo es lo más probable), si te emocionas con una buena historia (¿quién no?) y si además quieres lograr ese mismo efecto y se te da bien eso de escribir porque desde el colegio primario tus composiciones eran leídas en voz alta y si…

Puede haber cientos de “y si”, lo cierto es que sin proponértelo descubres que un día, así como así, de la noche a la mañana te descubres con un bolígrafo en la mano o sentado frente a tu PC encadenando palabras. Si es lo que te sucede o sucedió o sucederá, lo más probable es que haya en ti un escritor.

Escribir no es fácil, me dirás; escribir no es solo encadenar palabras, insistirás; escribir no se me da bien, te justificarás. Lo cierto es que voy a decirte algo: escribir es como nadar y si para aprender a nadar hay que lanzarse a una pileta y bracear, primero asegúrate de que esa pileta esté llena, luego bracea y por fin sigue braceando hasta flotar, y sigue intentándolo con el estilo crol o con el estilo pecho si se te da mejor, y más adelante incluso prueba con el tan difícil estilo mariposa y ni qué hablar que cuando el agua y tú formen una comunión perfecta hasta lo puedes intentar con el estilo over que es el más utilizado para los rescates y combina el estilo pecho con el crol.
En fin, que si en natación se trata de estilo tendrás que conocerlos primero, practicarlos después y por fin perfeccionarlos adaptando tus capacidades innatas a lo que has aprendido. En escritura también.

Escribir no es fácil es verdad, pero como nadar, tampoco es imposible si te lo propones. Y para proponértelo lo que primero debes hacer es lanzarte al mar de palabras como te lanzarías a una pileta, sabiendo que no sabes pero que podrás aprender. En definitiva, con el tiempo lo lograrás.

No voy a abundar en este artículo con la idea de aprender a escribir (ficción o ensayo) porque ya hablé de eso largo y tendido, solo te sugiero que leas nuestros artículos al respecto. Lo que voy a recomendarte es sencillo: ¿te gusta escribir? Lánzate al mar de las palabras y… ¡Escribe!
Dar las primeras brazadas en una pileta no es fácil. Escribir tus primeras letras tampoco, puede que sea un desafío intimidante (como meter la cabeza bajo el agua por primera vez) pero la escritura como cualquier otro oficio (insisto), puede ser trabajada, practicada y perfeccionada hasta que fluya y sea algo tan natural y placentero como nadar. Deberás empezar por atreverte (lección primera), luego practicar (imprescindible) y con tiempo, paciencia y pasión, llegará el día en que escribir será como fundirse con el agua y nadar.
No intento hacer una apología del oficio de escribir, sino tan solo contarte que si te lo propones es posible.

¿Por dónde empezar? Si encuentras un Taller de escritura a tu medida, no lo dudes zambúllete, presta atención, absorbe conocimientos como una esponja y no te olvides nunca de que antes de ti otros lo intentaron. Ahora son maestros y esos son exactamente lo que te acercarán los tips que necesitas para que bracear entre palabras pronto se convierta en la forma natural de expresión que te representa.

Por eso, si eres un amante de las letras, lo primero es buscar un Taller de escritura a tu medida y aprender, y practicar. Sea el caso que sea, me atrevo a pasar a esa etapa donde los consejos son elementales, indispensables y de gran valor. Tanto si has empezado a buscar tu estilo como si crees que ya lo has encontrado, debo decirte que la búsqueda es ad eternum y cualquier ayuda es bienvenida. Por eso, sin más preámbulos te acerco la experiencia de los que saben un rato largo, de esto de nadar entre palabras.
Estos expertos de la escritura son maestros y lo son porque no se guardan nada y comparten contigo querido lector la magia de convertirte en una escritora/un escritor. Allá vamos.

Un libro enorme, una Biblia de la escritura: “Mientras escribo”, de Stephen King. El maestro del terror nos cuenta su vida y sus experiencias, pero sobre todo nos revela las estrategias narrativas que ha sabido manejar para definir cuándo ser explícito y cuándo usar la elipsis, cómo generar suspense y perfilar personajes. Y lo más importante y aquello con lo cual te sentirás identificado desde la primera página: comparte el efecto que un buen libro genera en un potencial escritor: las ganas de escribir. Al leerlo, sentirás que te pica la mano, se te agolpan las palabras y corres a encadenar palabras, en definitiva: te sentarás a escribir.
“Cuando todo va sobre ruedas no es porque hayas escogido la literatura, sino porque la literatura te ha escogido a ti. Te desborda, te sale por los oídos, por la nariz, se te mete por debajo de las uñas. Es tu única esperanza”, no soy fan de Charles Bukowski, pero debo admitir que a pasional no le gana nadie y adhiero a estas palabras. Por eso, si sientes que la literatura te ha elegido (que no es lo mismo que ser un elegido) no puedes dejar de leer: “La trastienda de la escritura” de Liliana Heker. Su vasta experiencia en talleres de escritura, una actividad que desarrolla desde hace cuatro décadas y su innegable talento para atraparnos con sus historias te dejarán pegado a las páginas de este libro y sobre todo te traerán un alivio porque según ella “No hay fórmulas” mágicas para escribir solo se trata de escribir. Sentirás con ella que ciertos artilugios literarios, no son tan difíciles como la teoría propone, que solo hace falta conocerlos. Por eso dejará de ser un cuco la página en blanco (“las ganas de escribir vienen escribiendo”), será un placer la construcción de diálogos (“siempre hay algo más que la exposición de ideas tejiéndose en el subtexto”), no te producirá terror la sintaxis (“para romper ciertas reglas {…} hay que conocerlas muy bien”) y sobre todo el abc del que escribe: (“es útil saber que al lector le queda todo el cuento por delante para enterarse de lo que hace falta que sepa”) y entenderás que un final no es un problema si el mientras tanto está bien hecho y para eso: (“solo debes encontrar las palabras y el ritmo que hacen falta para que todo su potencial estalle y sea recordado en un desenlace”).
La clave para todo en la vida, está en ser persistente, escribir cada día supone persistencia, insistencia, tenacidad. ¡Caramba! nadie aprende a nadar solo metiendo los pies en el agua, para aprender hay que mojarse, sumergirse, perderle el miedo al medio líquido y sobre todo disfrutarlo. Haruki Murakami lo sabe y no consigo adivinarlo, pero intuyo que la idea del goce era la intención cuando se planteó la escritura de “De qué hablo cuando hablo de escribir”, un breve manual. Es un ejercicio autobiográfico de lo que supone escribir cada día, para el autor, la clave está en ser persistente y saber seguir disfrutando del proceso.

“Escribir”, de Marguerite Duras, es un relato que no se limita a la escritura, que ahonda en cómo aprendió a leer y escribir y, sobre todo, en qué condiciones materiales y emocionales tuvieron lugar estos procesos. “Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir”. Más de una vez atravesando las páginas de este pequeño ensayo te sentirás plenamente identificado/a y sobre todo querrás volver a experimentar muchas de las sensaciones descriptas que antes considerabas como extraterrestres.

Quién no recuerda (si lo ha leído no puede olvidarlo) “El talento de Mr. Ripley” (y los siguientes de la saga) o “Extraños en un tren”. Sí, has acertado, estoy hablando de la señora Patricia Highsmith. “Suspense”, por su brevedad es un mini ensayo que me impactó, pero también me dejó con ganas de más. Más de esta talentosísima escritora de policiales porque “Suspense” no es ni muchísimo menos un manual convencional sobre cómo escribir, sino una grata compañía. Funciona más como un anecdotario que narra, con la habitual agilidad de Highsmith, los hallazgos y experiencias con los que la escritora aprendió a sacarle brillo a sus novelas. Es tan precisa como manejando pistas, lo cual es de agradecer para quienes queremos aprender sin entrar en la fría teoría. El hecho de centrarse casi más en los fracasos que en los éxitos, además de desmitificar el supuesto don divino de los escritores, resulta de enorme ayuda para todos los que anden con ganas de echarse a nadar entre palabras.

La lista de libros de los indiscutibles maestros del arte de escribir, puede llegar a ser interminable. Baste con estos ejemplos como muestra para, sobre todo, comprender que como cualquier arte, como toda experiencia en la vida lo primero es la pasión, lo segundo la decisión, lo que sigue es la obstinación y por fin la certeza de que para escribir (como para nadar), solo hace falta escribir (nadar).


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