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Lo breve si bueno…

Si te gusta descubrir una historia en pocas palabras. Si eres de los que deliran por las resoluciones inmediatas. Si admiras la inteligencia demostrada en pocas palabras. En fin, si consideras que con pocas palabras se puede decir mucho, no lo dudes, eres un amante del microcuento o definitivamente lo serás si terminas de leer este artículo.

Los microcuentos son historias que se cuentan con apenas un puñado de palabras. Sí, sí, ya sé lo primero que llega a tu mente y voy a decirlo por los dos: Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. El microcuento quizás más famoso del mundo, se lo debemos a Augusto Monterroso. Y sin lugar a dudas es el mejor ejemplo, pero seamos cautos a la hora de definir este género porque…
Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas palabras (o líneas) para ser contada, pero no es el resumen de un cuento más largo, ni una anécdota, ni una ocurrencia.

La brevedad del microcuento es muy distinta a la de otros géneros breves. Si pensamos por ejemplo en géneros afines como la fábula, el chiste o la leyenda, la diferencia está en que en estas el enunciado está concluido, como consecuencia de una historia que, aunque breve, está completa.
En el microcuento el universo narrado se fractura, se fragmenta y las omisiones y las elipsis son el recurso por antonomasia. A diferencia de los cuentos, el esquema narrativo de nudo/desarrollo/desenlace, no funciona tal y como lo conocemos. Esa estructura es demasiado larga para este estilo de contar historias. En el microcuento se elimina el desarrollo o más bien se lo circunscribe al clímax y de inmediato con un giro inesperado, que se apoya en la sorpresa del lector, llegamos al desenlace. Por eso, si te apasionan los finales sorprendentes el microrrelato cumplirá todas tus expectativas.
En esta micro ficción, no encontrarás muchos personajes (tres ya son multitud) sino simplemente un protagonista indiscutible sin un complicado perfil. Lo mismo sucede con los escenarios, un detalle bien elegido bastará para decirlo todo.

Este género tan particular, es sobre todo un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta y también lo que no se cuenta, y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microrrelato el título es esencial y forma parte de la historia.
Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que se narra, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Esto quiere decir que no cuentan un hecho, ni una simple situación anecdótica sino la implicancia filosófica, social, psicológica y existencial de ese hecho.
Y si me apuran un poco, hasta metafísica y espiritual, ahora que recuerdo Sueño de la mariposa, de Chuang Tzu:

Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.

¿De qué nos habla Chuang Tzu? Pues de la relación entre la identidad y la conciencia que el sueño altera, ya que el sueño es un estado de conciencia que puede disolver la conciencia de uno mismo.
Con lo cual es evidente que se exige del lector de un microcuento competencias distintas a las del lector común o al menos la capacidad de discernir qué es lo que el microcuento nos cuenta.
Es bastante habitual que el autor del microcuento juegue con la ambigüedad del lenguaje, y sobre todo con lo que no se dice. Esa mirada distinta de todo aquel que escribe, encuentra en el microrrelato el espacio fértil para desarrollarse, aunque ese espacio sea de no más que un puñado de palabras.

Hay un mito instalado en muchos lectores (y en muchos escritores en ciernes) que hace pensar que cuanto más breve sea una historia, más fácil es de escribir y de leer. Nada más lejos de la realidad. Un cuento propiamente dicho o un microcuento es sin lugar a dudas precisión en estado puro y nada más difícil de lograr como escritores. Y como buen lector, nada más difícil de decodificar que un mensaje subliminal expresado en unas cuantas líneas. Y si con eso no alcanza resumo las cualidades de un buen microcuento: Navega entre géneros / Condensa / Usa las elipsis / Abusa de la precisión / Muestra sin explicar / Obliga al lector a pensar / Sorprende con el final / Y como todo texto breve, incluye la intertextualidad con otros textos.
Mucho para una cosita tan pequeña ¿Verdad?

A pesar de lo complejo que parece lo desprovisto de complejidad, no todo es intrincado en el mundo del microcuento.
“Los microrrelatos son flashes, estrellas fugaces. Uno se tropieza con ellos en la calle. Cualquier cosa que sucede a nuestro alrededor, cualquier incidente cotidiano, pueda dar pie a una minificción”. Afirma el escritor Armando Alanís. Y entonces no todo microcuento exige un título universitario para decodificarlo.
Disfrutemos juntos Carta del enamorado, de Juan José Millás que es una verdadera historia de amor contrariado:

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

Lo maravilloso de este género es que a veces roza otros géneros como el conocido aforismo de Franz Kafka: Una jaula salió en busca de un pájaro. ¿Es un aforismo o un microcuento? Que funciona, que da en el blanco, que estimula tanto nuestra imaginación como nuestra capacidad de reflexión o análisis.

El lector de microcuentos hará camino al andar porque para disfrutar del género deberá ir completando casi lúdicamente los vacíos, deberá interpretar desde las grietas, comprender en la densidad, en los silencios, en la síntesis, en las sugerencias, en la esmerada selección del vocabulario. También deberá estar dispuesto a recibir esa cachetada final que todo microcuento asesta con su desenlace.

Completar la interpretación con las palabras no escritas no es fácil, pero intentarlo vale la pena. La novela, el cuento, el relato son historias de largo aliento, de gran éxito comercial, de grandes ventas. Frente a ellos, el microcuento que desde su modesta dimensión grita, y quien quiera oír que oiga: Lo bueno, si breve, dos veces bueno.


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