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¿Qué idea tienes del mundo?

El mundo puede ser un lugar oscuro pero también puede convertirse en un milagro brillante, donde la vida sea un poco más accesible y aprehensible de lo que parece.

Si pudiéramos inventar una perla hecha de palabras, si fuera posible concebir la idea de una joya de frases o si el pensamiento alcanzara a entender lo que sería engarzar con delicadeza un párrafo tras otro hasta concretar una alhaja literaria, entonces serían innecesarias más palabras para explicar lo que es Alessandro Baricco.

Lamentablemente todo lo anterior es imposible (casi, porque para la imaginación del que lee no hay imposibles) y como no quiero apelar a frases remanidas, solo agregaré una frase del propio Baricco “Somos la civilización que ha interrumpido el culto a la profundidad” y lo que hace Alessandro Baricco es corregir ese error y por eso se zambulle, se sumerge, bucea en el alma humana hasta lograr que el lector se asombre leyéndolo, se descubra re-leyéndolo y lo admire una vez cerrado el libro, sea la primera o la segunda vez que lo lee.

Alessandro Baricco nació el 25 de enero del año 1958 en Turín, Italia. Estudió filosofía y música y sus primeros libros fueron ensayos musicales. Más tarde llegaron éxitos de la talla de “Seda”, “Océano, mar”, City”, “Sin Sangre”, “Homero, Ilíada” y “Esta Historia”. Ha escrito también obras de teatro y en el año 2008 debutó como director de cine con “Lezione 21”, una película centrada en un joven que viaja a los Alpes inspirado por Beethoven.
Admirador de J. D. Salinger y con huellas de estilo que tanto proceden de la novela del siglo XIX como de Italo Calvino o de Gabriel García Márquez, este autor tan talentoso como versátil también nos deleita y nos transmite parte de su saber con ensayos sobre la globalización y el mundo que viene: “Siguiente” o sobre cómo la tecnología impacta sobre la cultura: “Los bárbaros” o sobre el alcance e impacto de las aplicaciones digitales: “The Game”.
El mundo interior de un autor de esta envergadura no se queda quieto nunca, no reposa un solo segundo, salvo flotando en medio de un “Océano, mar” de libros o dejándose acariciar por la “Seda” de las palabras. Para alguien que hace de las letras algo así como el aire que respira, la inspiración llega en cualquier momento y Baricco no deja de trabajar, de crear, ni cuando se muda. ¿No me creen? A las pruebas me remito transcribiéndoles el primer párrafo de “Una cierta idea del mundo”:

Hace diez años cambié de ciudad. ¿Y a mí qué?, diréis. Pues que allí dejé todos los libros que había leído hasta entonces para entrar en una casa en la que no había ni un solo libro mío.

Y tras esa mudanza, Alessandro Baricco reconstruye su biblioteca y en el proceso de reconstrucción se reconstruye como lector, se recuerda en textos leídos, se encuentra en textos nuevos, confirma que leyendo nos descubrimos y confirma que puesto que en cada etapa de nuestras vidas somos una persona distinta, también somos un lector diferente cada vez que volvemos a enfrentarnos a un texto.
La lectura hace de nosotros lo que somos y lo que seremos, cada libro habla de lo que nos gusta, de lo que amamos, de lo que odiamos, un libro leído es un pedazo de nuestras vidas, son esas horas que pasamos dedicándoles amorosamente la lectura de sus líneas.

Los tengo colocados uno al lado del otro, no en orden alfabético, sino el orden en que los fui abriendo (…) en noches de aburrimiento te pones a mirar los lomos y echándole ganas es como si revivieras fragmentos de tu propia vida.

¿Podría armase la biografía de una persona a través de la enumeración de sus lecturas? Baricco piensa que al menos puede intentarse y se obtendrá al menos algo aproximado algo que podríamos llamar una biografía lectora.
Sin embargo quizás haya una razón más poderosa que impulsa a los lectores a catalogar sus propias lecturas, a crear un canon personal que solo intenta ser una cierta idea de lecturas. Un canon personal no es determinante, no es siquiera válido como guía de lectura, es simplemente compartir con otros lo que a uno le ha dejado huella o más bien como lo dice Barricco: Para que otros también los lean, diría yo. Y ya con eso bastaría.

La decisión está tomada y de esa nueva biblioteca decide seleccionar los cincuenta mejores textos leídos durante una década. Los libros que llegaron a sus manos a través de la recomendación de un amigo, del impulso de releer una determinada obra o de un simple paseo por una librería. Esos cincuenta volúmenes están reseñados con la maravillosa y sensible delicadeza de este bardo de la literatura contemporánea y uno no puede sino emprender la confección de una lista propia y si es posible de los cincuenta títulos contenidos en “Una cierta idea del mundo.”

Las reseñas son breves, contundentes, precisas y sin ambigüedades una vez leídas tendrás la sensación de que has accedido en un breve resumen a la médula de cada libro, al meollo de la temática pero sobre todo, al corazón del escritor.

Lo que encontraremos en estas páginas es un gozoso cajón de sastre en el que hay clásicos como: Dickens, Ambrose Bierce, Stefan Zweig, Faulkner, Rebecca West, Lampedusa, Kawabata, Curzio Malaparte, Truman Capote o Richard Brautigan, hasta contemporáneos como: McEwan, Coetzee, Bolaño, Cercas, Dave Eggers, Bill Bryson, Elisabeth Strout o el guionista William Goldman, pasando por historiadores: Donald Kagan, Mary Beard, autores policiacos: Fred Vargas, Elmore Leonard, ensayistas: Isaiah Berlin, Pierre Hadot, Marc Fumaroli, maestros antiguos: Heródoto, Descartes, un libro sobre Glenn Gould, otros sobre tenis y fútbol.

Una lista ecléctica y heterodoxa confeccionada por un Alessandro Baricco que deja por momentos de lado al escritor que es para ponerse del lado del escritor que lee, convertido en consejero que con comentarios sagaces, logra transmitirnos sus sensaciones a la hora de haber acometido una lectura y logra también, con un estilo ágil y desprejuiciado, contagiarnos una voraz pasión lectora.
Los que amamos los libros no podemos dejar de pasar por alto el convencimiento de que leer nos permite sobrellevar el día a día, leer nos acerca esa cuota de magia que a la vida suele faltarle, leer suaviza el alma, afloja el espíritu y nutre el corazón.

Alessandro Barricco además nos acerca la certeza de que los libros, nos ayudan a conformar “Una cierta idea del mundo”.


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