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El negro de los negros

La tarde caía lentamente y ya las primeras sombras se dibujaban sobre las paredes de la enorme casona. Esa noche no había fiesta. A pesar de que las reuniones donde se dilapidaba comida y se bebía en exceso eran una constante, los años habían terminado por mermar definitivamente los ingresos de Alejandro Dumas (padre) y esa velada la pasaría en compañía de su hijo, Alejandro también.
Ambos eran amantes del buen vino y cada anochecer, solos o en compañía, despedían el día con una copa de los pocos vinos que iban quedando en su bodega.
El silencio solo era interrumpido por el crepitar de los leños y el pasar de las hojas del libro que leía Alejandro Dumas hijo. Su padre se paseaba inquieto de una punta a la otra de la enorme biblioteca que también hacía las veces de escritorio. Solían hablar poco y casi siempre la literatura era el único tema que los convocaba. Padre e hijo acumulaban desavenencias y quizás el menor tuviera mucho que echarle en cara al hombre ya mayor que había amasado una considerable fortuna que dilapidó con generosidad en fiestas y cenas. Él mantenía a sus hijos extramatrimoniales, a las madres de ellos y a varias amantes, muchas de ellas actrices. Vivía con gran lujo y derroche; y aunque llegó a ganar sumas enormes de dinero, acabaría sus días endeudado. La única herencia serían sus libros. Pero, ¿eran del todo suyos los libros que Alejandro Dumas escribió?

Esa noche, el hijo acabó su copa y cerró el libro. Se disponía a abandonar la biblioteca cuando la poderosa voz de su padre lo detuvo casi llegando a la puerta.
–¿Has leído mi nueva novela? –temeroso del carácter irascible de su hijo, esperó en silencio.
–Sí –respondió el más joven de los Dumas y sin pérdida de tiempo agregó: –¿La has leído tú?

Tan conocido como el éxito de sus novelas era el hecho que sus historias no eran del todo suyas. Entre bambalinas iba y venía, entraba y salía de la enorme casona y siempre cargado de folios recién escritos, un personaje serio y hosco: Auguste Maquet.
Este conoce a Dumas cuando un amigo de ambos decide enviar la obra teatral de Maquet «La Noche de Mardi Gras» a Dumas. Dumas encantado con la historia se permite retocarla y la obra (que se publicaría bajo el título de “Bathilde») se convierte en un éxito, lo mismo que ocurriría con otra novela de Maquet, Le Bonhomme Buvat, que se transforma en la serie por entregas El caballero de Harmmental. El editor recomendó por primera vez que la obra figurara bajo la autoría de Dumas. Esto se prolongaría en el tiempo creando una simbiosis entre Maquet y Dumas con un final no tan glorioso para Maquet quien a la muerte de Dumas reclamó un resarcimiento económico, que no obtuvo, porque como dijimos, Dumas terminó sus días viviendo de la caridad de su hijo Alejandro.
Lo cierto es que en esos tiempos «La Noche de Mardi Gras» fue el comienzo de una estrecha colaboración entre Dumas y Maquet. Las colaboraciones de este tipo suelen designar a quien le da un acabado final al borrador de otro autor con el nombre de “negro”. En la práctica Dumas se había convertido en “negro” de Maquet. Sin embargo, estas obras eran publicadas bajo el nombre de Dumas ya que su editor estimaba que una obra publicada bajo su autoría era mucho más comercial que publicada por Dumas y Maquet, así que éste cedió en que su nombre no apareciera en la novela a cambio de una inmensa suma.
Los lectores respondían satisfechos y reclamaban más historias, sobre todo de tipo histórico. Así llegaron “Los tres Mosqueteros”, “El Conde de Montecristo” y otras, todas escritas por Maquet retocadas por Dumas, el éxito quedaba implícito bajo el nombre del autor que los lectores idolatraban.
El estilo del trabajo en equipo era siempre similar: Maquet organizaba la estructura general del argumento, y elaboraba el primer borrador, Dumas quitaba, añadía personajes, detalles, y colocaba, lo que él denominaba su «toque mágico», ese que hacía que sus obras se vendieran como rosquillas en toda Francia a fuerza de narrar pasiones desgarradas, situaciones complejas y hechos poco probables pero creíbles que daban como resultado las vibrantes tramas que el público aplaudía. Pronto, este método de trabajo convenció a Alejandro Dumas de que escribir un libro por año no era lo mismo que multiplicar ese número por dos y hasta por cuatro. Como resultado Dumas terminó teniendo a su servicio sesenta y tres colaboradores o ayudantes como gustaba llamarlos que no eran sino sus “negros.

Alejandro Dumas padre es, sin dudas, uno de los más exitosos y prolíficos escritores de todos los tiempos gracias a que no escribía solo, claro.
Bajo su nombre se publicaron más de 300 obras de distintos géneros aunque no todas salían de una sola y frondosa imaginación. Así vieron la luz: Los tres Mosqueteros, Veinte años después, El conde de Montecristo, La reina Margot, solo por mencionar las más conocidas.

El color de piel de Dumas era oscuro. Él era mulato (su padre era un militar francés y la madre una esclava negra de la isla de Santo Domingo). Nunca sabremos si por su extraña manera de dar forma a sus obras, la autoría de sus libros no está del todo clara, o por el color de su piel, lo cierto es que en la sociedad de la época se lo conocía como “El negro de los negros”.


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